martes, 9 de agosto de 2016

Muerte en la piscina

"El hombre se movía silenciosamente caminando en los espacios entre las toallas que había en torno a la piscina, moviendo sus pies con lentos movimientos vigilando donde ponía cada uno de ellos cada vez que daba un paso. Los ojos los tenía cubiertos con unas gafas de sol que le permitían ver a la gente sin que esta pudiese ver hacia donde se dirigía sus mirada. Observaba todo con atención. Apenas observaba algún movimiento o conversación atípica entre sus vecinos de las toallas próximas.
Extendió su toalla, se quitó la camiseta y las gafas de sol. Después corrió hacía el agua donde se zambullo bajo el ardiente calor de sol del verano.
Sus ojos no veían gran cosa en el exterior del agua, pero dentro veía con claridad, sentía todo lo que le rodeaba como si un aprendizaje ancestral rebrotase en su mente. Se movió con suaves movimientos bajo las aguas.
Entoncés los notó. sintió un cambio en las vibraciones del agua. Giró su cabeza hacia la derecha, una chica joven… Nadando...
Él reconoció en ella una presa.
Se sumergió bajo el agua con suaves movimientos se acercó a ella y la rebasó, a unos dos metros hacia un lado, y a un metro de profundidad. La joven sólo sintió como un movimiento en el agua que la había rozado. Se detuvo. No sintió nada y siguió nadando lentamente.
Él buceo y esperó a dos metros de distancia de ella. No se movió. Finalmente cuando ella llegó a su altura la agarró y la sumergió bajo el agua de un violento tirón. Ella no podía respirar bajo el agua. El miedo a la muerte y el pánica la asaltaron como ladrones.
El hombre la sujetó con una llave impidiendo que se pudiese mover e incluso impulsar para sacar la cabeza y coger aire. Treinta segundos después la mujer, la joven, dejó de intentar moverse. El hombre la soltó entonces y se alejó buceando hasta la parte más alejada de la piscina. Salió del agua por las escaleras del lateral y esquivando al resto de personas se alejó como una serpiente hasta la toalla donde se acostó y cerró los ojos.
Los minutos pasaron. El hombre abrió los ojos, gritos se escuchaban de terror y pánico entre los bañistas. El hombre se sentó en la toalla y puso una camiseta verde sobre su bañador. colocó en sus ojos las gafas de sol y pudo ver entonces como las dos chicas que estaban vigilando la piscina atendiendo una en el tenderillo a los bañistas y la que actuaba a modo de socorriste corrían hacia el agua. Una de ellas se lanzó de cabeza al agua sin pensarlo, un instante después salió con el cuerpo de la joven del fondo de la piscina.
-¡Un médico! ¡Una ambulancia! -se oyó gritar.  
Nada fue posible hacer."

domingo, 4 de octubre de 2015

El Espejo de Narona

Cerca de Narona existió un castillo durante la Edad Media. Un castillo que fue olvidado por todos con la excepción de aquellos que lo heredaban. Un castillo sobre el que había caído hace largo tiempo una extraña maldición. Ruinas aisladas en una montaña en la zona de Dalmacia.

Nada ni nadie sabía que causaba esa maldición. Una maldición que  había causado la muerte de los hombres y la desaparición de cientos de mujeres y doncellas.

El último de los herederos temeroso de la maldición vendió las ruinas, el terreno, y los objetos que hubiesen sobrevivido a un francés muy rico. El hombre durante mucho tiempo exploró los restos abandonados del viejo castillo, llegando a zonas que hacía mucho no habían sido pisadas por el hombre. Sus ojos descubrieron entonces una entrada hacia un sótano. Las escaleras de piedra descendían en su boca negra y tenebrosa. Bajo a las profundidades del castillo, explorando, buscando, observando… Y en aquellas antiguas y ruinosas mazmorras descubrió cientos de muebles que cubiertos por telas y el polvo de siglos, algunos deshaciendo en añicos por causa del ambiente y la falta de aire.

Los ojos de aquel hombre brillaron, era mucho dinero que podría ganar una vez restaurados aquellos muebles que brotaban profusos por cada galería y antigua celda.

Exploró cada rincón. Cuando ya pensaba que no había nada más que encontrar se fijó en una puerta de madera que hasta ese momento le había pasado desapercibida. La abrió. Penetró a través de ella y descubrió muchas celdas vacías y abandonadas donde las cadenas colgaban como viejos murciélagos esperando una víctima permanente para habitar en aquellas tinieblas. Las telarañas no dejaban ver más allá de unos dos metros. Aquella galería abandonada terminaba en una celda cerrada con siete llaves, pero cuya madera ya estaba degradada por la humedad del lugar lo que hizo que no fuese difícil de abrir. Allí había Doce esqueletos colgados de cadenas rodeando algo que permanecía cubierto por una pesada lona que si era complicada de mover.

Con esfuerzo sacó de allí aquel objeto cubierto y lo colocó en otra de las celdas, oculto a la vista. Cuando al fin salió y se encontró en el exterior mandó avisar a las autoridades. Tras un estudio cuidadoso descubrieron que los cuerpos eran de 12 mujeres. Pero no eran cuerpos de la época medieval. Eran de hacía unos 120 años atrás.

El sacerdote de la villa cercana recordó algo escrito por uno de sus antecesores en el libro de la parroquí sobre la desaparición de varias jóvenes hermosas, alguna de ellas el día antes de su boda con el que debía ser su marido. La culpa recayó en un vampiro. Más nadie nunca encontró al vampiro en cuestión.

En la oscuridad de la noche cuando ya todos los investigadores habían partido de allí. Volvió a bajar. Sacó de la celda el aparatoso bulto, más aparatoso que pesado. Llegó a la conclusión que lo más pesado era la lona que lo cubría. Una gruesa lona negra. Lo llevó a su casa. Allí lo destapó descubriendo un espejo.

Era un espejo de estilo gótico con forma oval y que tenía diversas piedras preciosas, amatistas, zafiros y rubíes, colocadas en el marco de una forma muy especial. Había algo extraño en ese espejo. Algo tremendamente extraño…

Cada vez que lo miraba sentía algo intenso y terrible. Parecía como si unas manos arrugadas y que parecían garras quisiesen salir del espejo en busca de algo o de alguien. Lo giró y en el metal oscuro de la parte de atrás vio algo tallado, unos caracteres escritos y una figura enjuta dibujada con unos ojos que parecían las cavernas oscuras de la muerte… El hombre copio toda la imagen de la parte de atrás para investigar sobre el origen del espejo, a quién perteneció, y saber que había de inhumano en él objeto.

El texto que había escrito estaba en latín. En un latín propio de los monasterios del norte de Francia, quizá de Bélgica u Holanda. Así se lo hizo saber un amigo sacerdote de Sibenik, pero que lo poco que él había entendido hablaba de lujuria, de placer y perdida. Le recomendó destruirlo.

Esa misma noche después de la celebración eucarística cuando el sacerdote salía de la iglesia un rayo cayó en el pararrayos este es rompió precipitándose al vacío y alcanzando al sacerdote ante la mirada aterrada de los fieles que allí había.

El temor hizo que inmediatamente el hombre se deshiciese el espejo pues temía destruirlo. Se lo vendió a un noble inglés. El noble ingles era uno de los Fitz-James. Después de lo que tras vender lo que quedaba del castillo y de los muebles que había en él encontrado el hombre abandonó Europa. Se fue a algún lugar de Africa y nadie volvió a saber de él.

Fue el azar más que otra cosa lo que hizo que el espejo terminase olvidado en una de las múltiples casas señoriales de la familia. Hasta que durante una de las últimas mudanzas de la familia terminó en España donde el Duque de Berwick se lo regaló a un amigo James Dehe.

James Dehe lo estudió, le interesaba el texto que tenía escrito en la parte trasera. Consiguió traducir el texto después de muchos esfuerzos. Más el espejo le fue robado.

(CONTINUARA….)





lunes, 7 de septiembre de 2015

INMORTAL (Relato Fanfic basado en "Buffy, Cazavampiros")

Bienvenidos a las tierras que rodean Hellmouth.

Era lo que ponía el cartel de madera de roble que había cerca del I.E.S. Sunnydale en un lugar del sur de España.

Llegaron una hora antes de las nueve de la noche, setenta  estudiantes en dos autobuses,  de color blanco y con el nombre de la empresa en un color naranja oscuro o quizá rojo, en su interior los estudiantes que volvían de Santiago de Compostela dormitaban unos junto a otros o charlaban en bajos susurros. Los autobuses eran de la empresa local Del Río.

En las sombras cerca de la carretera unas sombras aproximaban a la carretera desde el río. Si alguno de los que iban en el bus los hubiese visto por la ventanilla le hubiese parecido que eran personas paseando en el atardecer o la juventud de la noche. Sin lugar a dudas, los dueños de esas sombras contaban con ello. Contaban con ser invisibles desde la carretera o a confundirse con lo que les rodeaba  para aquellos que mirasen desde la carretera.

Se deslizaron hasta el limite cercano a la carretera. Esperando la llegada de los autobuses a la cercana curva donde tenían que reducir la marcha. A medida que se acercaban los autobuses avanzaron con mayor celeridad. Uno salto ante el primer autobús impactando con su frontal. El conductor detuvo el autobús y se dispuso a abrir la puerta.

-¿Qué sucede? -grito alguien en el bus.

Esa pregunta gritada despertó a la joven estudiante californiana de intercambio que estaba en el asiento de atrás. Apartó sus cabellos rubios del rostro y una de sus manos se oculto por inercia dentro de la ligera chaqueta que llevaba puesta.

Estaba considerando volver a recostarse y cerrar los ojos cuando escuchó el primer grito. El grito aterrorizado del conductor del primer autobús.

Reconoció la señal del destino para que actuase como debía antes que todo fuese peor y hubiese más muertes. La gente del autobús que había delante profería gritos y alaridos, golpeaban los cristales de atrás tratando de huir de algo. En respuesta a la mirada interrogante de la chica vio al otro lado de la ventanilla.

-Vampiros…- susurro.

Sacó la estaca que llevaba oculta siempre. Salto por encima de los asientos con una agilidad de felino y corrió hasta el conductor.

-Open the door! - gritó- ¡Abra la puerta! Hágalo si quiere salvar a los ocupantes de este autobús, y ciérrela detrás de mí. No debe de abrir a nadie salvo a mi. ¡Entendido!
-Como usted diga Anne.

La joven saltó al exterior nada más abrirse la puerta. Dio una voltereta en el suelo y se puso de pie inmediatamente. Corrió hasta el primer autobús. Los vampiros estaban comenzando a darse un banquete con los chicos y chicas que allí había. No podía salvar a todos pero debía intentarlo. Un vampiro al verla salto hacia ella. Reaccionando lo esquivo y le clavo la estaca haciendo que esté desapareciera convertido en un montón de polvo.  El resto reaccionó dejó caer a sus víctimas y atacando a aquella joven que pegaba patadas y puñetazos a diestro y siniestro mientras que con aquel trozo de madera que tenía en sus manos eliminaba uno a uno a sus atacantes sin mostrar piedad alguna.

-¡Una Asesina! -dijo en voz alta uno de ellos-. ¡Retirada!

Los vampiros huyeron de allí aterrorizados.

La joven entró otra vez en el autobús delantero. Tres chicos y el conductos estaban muertos. Sabía lo que les pasaría en breve. El resto tenían heridas diversas estaban semiconscientes pero sobrevivirían. Se acercó a una de las chicas que iban en él.

- Buffy, ¿eres tú?- preguntó.
- Si, soy yo. Tranquila. Te pondrás bien. Os pondréis bien todos.

La chica perdió el conocimiento. Mientras escuchaba la respuesta de Buffy. Las luces de la guardía civil y de las ambulancias pronto poblaron el lugar. Recorriendo los alrededores buscando huellas, tratando de desvelar que había pasado allí.

-¿Qué sucedió?- era la pregunta que hicieron a todos y cada uno de los alumnos.

Los profesores del segundo autobús y los alumnos contestaron todos que la alumna de intercambio se había enfrentado a un grupo de asaltantes muy peligrosos. Les había parecido que debían de ser un algún tipo de secta o algo así y que llevaban mascaras o algo parecido. No podían pensar en la existencia real de vampiros.

Se centraron en ella. Podía ser que les dijese algo relevante. Solicitaron informes sobre ella a Estados Unidos, a California, de donde ella procedía. La idea era que al día siguiente mandarían a alguien a interrogarla.

Él fue el elegido para ello, sobre todo después de leer los informes sobre la chica. Seguramente se sentiría más cómoda hablando con un interlocutor en inglés. Su nombre: Ángel Corral.

Ángel era un inspector de policía gallego, amante de las novelas negras y de terror. Le gustaba vagar por lugares insospechados. La primera vez que uno de sus compañeros se fijó en él fue paseando en los jardines del castillo de Gibralfaro. Parecía una alma perdida entre la niebla de aquel día mientras investigaban la desaparición de una estudiante de intercambio.

De ese día Ángel recordaba sobre todo el reflejo de la luz sobre las hojas de las plantas del jardín y sus gafas comenzando a empañarse por la diferencia de temperatura. A él acudían sobre todo en casos sumamente misteriosos y que nadie quería investigar. Le llamaban en broma de él Mulder, por los casos que solía llevar.

Ese día estaba sentado junto a la ventana leyendo tranquilamente un libro de intriga. Era su día libre. No deberían de  haberle llamado. Le llamaron. Su teléfono sonó en un par de ocasiones. Ángel descolgó. Escuchó lo que le decían. Salió de casa. Cogió el coche y marcho al puesto de la Guardia Civil de Álora. Una hora después estaba en una de las estancias del cuartel. A su lado, la sargento Cohin encendió un cigarrillo con calma. Dejando que se fuese quemando sin acercarlo a los labios. Esperando. Ante ellos estaba Buffy Anne Summers, estudiante de intercambio.

Ángel le dijo que había mucha gente deseando saber que había pasado y a la que convenía dar una serie de respuestas plausibles y comprensibles. Ella asintió. Se miraron a los ojos con cierto reconocimiento mientras se estudiaban mutuamente.

-No sé agentes. Se por experiencia que en algunos casos la verdad no es buena idea contarla -fue la respuesta de Buffy.
-Lo entiendo -dijo Ángel-. Lo sé por experiencia. A mi me puedes contar lo que sea.
-Sólo sé que vi que un grupo de hombres vestidos de forma rara y con un extraña maquillaje atacaron el autobús que iba delante. Yo salí a ayudar a mi amiga. He aprendido defensa personal y soy muy buena en ello.
-Lo hemos visto. Pusiste a todos ellos a la fuga -dijo la sargento Cohin.
-¿Qué nos puedes decir?- preguntó Ángel.
-Sólo se que hay secretos encerrados con siete llaves en lugares ocultos que es mejor no desvelar -dijo ella como respuesta-. Esos hombres que atacaron producían terror. Me enfrenté a ellos. Ese atrevimiento es mi secreto.

Tres horas después terminaron el interrogatorio. No sacaron aparentemente mucho en limpio. En realidad, Ángel había percibido un mensaje oculto en la forma de hablar de la chica. Algo que le recordaba mucho tiempo atrás. Algo que le recordaba al hombre que le entregó el anillo que siempre llevaba en su mano izquierda. Eso había sido en realidad hacía mucho, mucho tiempo atrás, casi unos doscientos años en un barco que volvía de América y atracó en La Coruña. El hombre era viejo y sabio. Vio en él lo que otros en aquel entonces no podían ver.

Días después Ángel fue asaltado cuando volvía a su casa cerca Betanzos. Fue golpeado y cayó al río en una zona de difícil acceso. Los asaltantes lo dieron por muerto mientras se llevaban su equipaje. Él mismo se dio por muerto, primero mientras caía al vacío y después mientras se hundía en las aguas del Mandeo y era arrastrado por ellas río abajo.

Volvió en si en las marismas cercanas a Betanzos. Allí donde se juntaban las aguas del río con las del mar.  Nadó. La suerte quiso que una barca pasase cerca y lo recogiese. Fue la primera vez que murió y volvió a la vida.

Sabía que la chica había visto que él no era como los otros agentes. La siguió. Hasta el domicilio que ella tenía en Álora.

Esperó. Después vio como salía por una ventana con una agilidad que no era natural. Volvió a seguirla.   Fue hasta el Embalse Tajo de la Encantada. La perdió cerca del lugar donde el Arroyo del Granado desemboca en el embalse. Volvió al piso de ella. Fue a la puerta. Sacó un juego de ganzúas y entró. Se sentó en el sofá y esperó.

Varias horas después Buffy volvió.

-¡Hola! - saludo Ángel-. Un largo camino, ¿verdad?

Buffy casi le clava una estaca en el pecho.

-Creo que esto no es necesario conmigo. Suponía algo así.
-¿Cómo?
-No soy estúpido. Llevo mucho tiempo de aquí para allá. Creo en lo imposible. Las heridas de tus compañeros y de los muertos del autobús. Ver que muchas huellas de los asaltantes desaparecían como si se hubiesen esfumado. La descripción de las mascaras. Vampiros. ¿Me equivoco?
-No, no se equivoca -respondió Buffy-. ¿Quién es usted?
-No soy un enemigo. Mi nombre es Ángel Corral realmente, y soy oriundo de Galicia, pero mi edad no es la que aparento. ¿Cuántos años crees que tengo?
-Entre 30 y 40 años.
-130, más o menos.
-¡Vaya un viejo como cierto vampiro que conozco! Él también se llama Ángel. ¿Es coincidencia?
-No lo sé. Los vampiros en Europa tienen un nombre para mi.
-¿Cuál?
- El Inmortal.
-Seguro que no te han cortado la cabeza.
-Si lo han hecho, y también me han quemado y arrojado a una sima durante la Guerra Civil aquí en España. Simplemente no puedo morir.

Buffy lo miró. Se fijo en su aspecto. Le recordó a Giles. ¿Cuál seria la causa del sino de este hombre?

-Seguro que te preguntas, ¿por que ser policía? En un comienzo lo hice para buscar a los que me mataron la primera vez. No lo conseguí. Sólo conseguí hacer que detuviesen a dos criminales terribles que por aquella época asolaban España. El primero en Galicia, y el segundo en el Pais Vasco. Por lo tanto, decidí hacerme policía. De hecho, varias veces lo he sido, me he dado de baja para desaparecer y luego volver a aparecer con el mismo nombre como descendiente mío.
-Nunca supiste quien te atacó.
-Así es. Tú eres una Cazadora. Sé que hay otros y otras. Sé que cada vez que uno muere se activa otro potencial cazador o cazadora. No sois como Van Helsing, pero hay cosas de su historia en el mito que rodea vuestra existencia. algo que me ha parecido siempre muy interesante como estudio.
-No me preguntes. De eso yo no sé nada -contesto Buffy-. Hablare con mi Vigilante. A lo mejor podemos colaborar.

Buffy llamó a Giles por teléfono después que Ángel se fue de allí. Le habló de "El Inmortal". Nada más escuchar ese nombre su cuerpo sintió un escalofrío.

-Tiene otro nombre Buffy -dijo Giles-. La llamaron en el siglo XIX, El Guardian de la Justicia. Te citó dos casos en los que participó en España, pero también lo hizo en el Reino Unido, Francia, Italia, Holanda… Sólo un asesino se le escapó…
-¿Quién?
- Jack el Destripador- contestó Giles. Al escucharle decir ese nombre Buffy sintió un escalofrío.
-¿Por qué nunca lo capturo?- preguntó.
-Eso sólo lo sabe el consejo. Quizá algún día te lo expliquen- fue la respuesta de Giles-. Ten cuidado con él. Puedes colaborar con él, pero no le des los nombres…
-Lo tendré mientras esté aquí. ¿Quieres un informe sobre él?
-Te lo agradecería.












domingo, 28 de junio de 2015

TEMPLE

El estado de ánimo de una persona es variable, su humor puede o no ser apacible, ser o no bueno para la persona en si misma o para los que le rodean.

El humor de Juan estaba diluido como la pintura que se usa para pintar un cuadro. Vemos el cuadro, nos olvidamos de la pintura que el pintor, el artista, usa para dar color a su obra. Eso mismo le pasaba a él. Desde hacía tiempo sentía que era invisible para todos los que le rodeaban: familia, amigos… 

Durante mucho tiempo había tratado de usar el tono adecuado para buscar trabajo. Su carácter valiente, fuerte y tranquilo incluso en situaciones difíciles no había sido tenido en cuenta como tampoco habían tenido en cuenta sus conocimientos. Pero su acerado temple estaba comenzando a arder en su interior con una terrible ira. Sentía que las algunos de sus pensamientos se contradecían. Percibía que necesitaba desaparecer totalmente durante el tiempo suficiente para mantener libres de ira sus sentimientos. 

Así el un día de finales de junio de un año cuando el calor de la tarde hacía que todos se mantuvieran  en sus casas y que hasta los pájaros se mantuviesen quietos a la sombra. 

Él salió. 

Fue por zonas más o menos umbrosas con una mochila gris cargada con sus libros favoritos, una libreta, unos bolígrafos…

Llegó a la orilla de un cercano río. Se sentó a leer allí un rato con la esperanza de relajar su cuerpo y su alma con el sonido plácido de las aguas. 

Llevaba una hora allí sentado cerca de un viejo molino en ruinas cuando le pareció ver moverse algo a su derecha. 

Miró hacía allí. No vio nada.

Volvió a su libro, a leer. Escucho un sonido como si alguien pisase fuerte entre la maleza o sobre la alta hierba. 

Volvió a girarse hacía donde procedía el sonido. No había nada por ese lado.

Cuando se decidió a guardar el libro en la mochila e ir a otro sitio. Mientras se ponía de cuclillas vio ante él una sombra frente a una brillante luz. Una luz que no podía reconocer de donde procedía. Instantes después perdió la consciencia.

Tanto él como los objetos que llevaba consigo desaparecieron. 

El misterio de la desaparición de Juan todavía hoy intriga a muchos, y se dice entre los lugareños que es un lugar maldito y que aquellos que pasan a la misma hora de su desaparición, tal día como aquel en que desapareció, muchas veces se desvanecen de su camino y cuando se dan cuenta aparecen a muchos kilómetros de allí. 

Es posible que eso le sucediese a él, y que encontrase lejos de donde hasta el momento de su desaparición había vivido todo aquello que le había faltado hasta ese momento: amistad, amor, trabajo… 

Con todo el misterio de su desaparición todavía hoy intriga a muchos expertos en sucesos vinculados al mundo paranormal y ufológico.

sábado, 27 de junio de 2015

SECRETUS.

La verdad esta hay fuera, en la noche. Y esa era una noche oscura, más de lo habitual, desde Comercial Street miraba Manhattan. Las luces de los rascacielos, las del Empire State, los dos haces de luz que ascendían hacia el cielo como recordatorio perpetuo de que una vez existieron las Torres Gemelas…

La lluvia comenzó a caer golpeando con fuerza contra las ramas de los árboles, los coches, el asfalto.

Un todoterreno rojo se detuvo al otro lado de la calle. Robert Toon se ocultó unos instantes tras las columnas del edificio semicircular que había detrás de él.  Su coche un Citroen C6 estaba aparcado a unos metros, bajo una de las farolas. Observó como un hombre de mediana edad se aproximaba por Dupont Street. Su forma de vestir y caminar no cuadraba con la gente que vivía en esa zona. Parecía más alguien de las zonas ricas de Manhattan que de la zona en la que Robert estaba en ese momento. También observo a un hombre con una sudadera que tapándose con la capucha guiaba un perro marrón, posiblemente un American Staffordshire Terrier. 

La ventanilla del conductor del todoterreno bajo. Robert Toon no pudo ver la cara del conductor. Vio salir el cañón de un arma e instintivamente se agachó. Pego su cuerpo al suelo.

Disparos resonaron en la calle.

Dos hombres y un perro yacían en el suelo.

El acompañante del tirador bajo y arrebato el maletín que llevaba el primero de los hombres que vio caminando Robert.  El conductor dio la vuelta al vehículo, el acompañante se sentó en su asiento y salieron de allí a toda pastilla.

Toon se acercó a los dos hombres abatidos y les tomó el pulso mientras llamaba a la policía. El perro estaba vivo todavía. Oculto en su collar había una memoria USB. Mientras esperaba a la policía Robert copió lo que había dentro a su ordenador portátil. 

Una patrulla llegó al cabo de 20 minutos. Robert Toon contó lo que vio pero como si no hubiese visto lo sucedido con claridad. También les entregó la memoria USB.

Robert revisó el contenido del USB en su domicilio había varios nombre pero el principal era un tal Darik Joonik, junto al nombre un teléfono 718-784-2882. También había referencias a pagos y cobros de varios empresarios de la construcción y políticos. 

Algo le hizo levantarse. Como si alguien le susurrase que mírase por la ventana. Se asomó y pudo ver el todoterreno rojo. Robert cogió la llave del trastero.Subió las tres plantas que le separaban del trastero en silencio con el ordenador bajo el brazo.

Escucho como alguien echaba una puerta abajo. Supuso que sería la de su piso. Entró dentro del trastero y abrió la claraboya salió por ella, entró en el trastero de uno de los vecinos y cerró.

Pronto escucho a alguien en el pasillo de la zona de trasteros. Aguanto la respiración mientras escuchaba como abrían de golpe la puerta de su trastero.

- La claraboya está abierta debe haber huido al otro edificio.
- Si será mejor bajar y vigilar. Tarde o temprano aparecerá. Hay que liquidar…

No llego a escucharle decir nada más. Los dos hombres de pasillo gritaron al tratar de huir por las escaleras como si algo los persiguiese. Luego silencio. Un silencio sepulcral.

Los vecinos llamaron a la policía, cuando esta llego constató que esos hombres habían ido a buscar a Robert Toon, y que algo o alguien los había matado cuando iban a bajar después de mirar si Robert estaba en los trasteros.

¿Qué había sucedido? Ni Robert Toon ni la policía de Nueva York llegaron a tener nunca respuesta. 




lunes, 25 de mayo de 2015

"El Caballero del Anillo" de Miguel A. Mateos Carreira.

Mira al noroeste, en el antiguo reino,
de Arandunë llamado por los antiguos.
Por el Camino de los Errantes, los Peregrinos,
que vagan por las sombras en busca de luz.
Buscad allí al Guardían del Anochecer,
al Caballero del Anillo, vestido de gris en la tarde.
Guardían de las Puertas, de los Secretos Portales,
que yacen ocultos en nuestros lejanos sueños.
Myyrdin llamado por unos, en el lejano norte,
Mihal por otros en el este, y Mekal en el sur.
Mas allá en el lejano oeste, muchos nombres tubo más,
que ocultos por nieblas nunca aquí se oiran.
En mundos de leyenda puede él entrar,
pero solo a unos pocos podrá enseñar.
En los Portales del Antigüo Reino,
en Aranduné, entre los Bosques por cierto.

lunes, 18 de mayo de 2015

"EN LA NOCHE" por Miguel A. Mateos Carreira

Las luces del día se iban apagando. Nubes grises cubrían el cielo de aquella población de apenas siete mil habitantes. Un pitido sonaba procedente del televisor. Era al cambiar de cadena la carta de ajuste de las cadenas que todavía no emitían ningún canal.

Se sentó en el sofá con la luz apagada. Estaba pensando en ver su serie preferida de los miércoles. Esa serie que por nada se perdía hubiese tormenta o temblase la tierra. Él siempre la veía. 

Entonces el techo se iluminó de azul. Una sirena se dejó oír: la policía. Se puso de pie y cogió el catalejo para ver a donde se dirigían. A lo mejor tenía una exclusiva que dar a través de twitter. 

El coche patrulla paro ante la fachada de piedra del hotel, de uno de los hoteles de la población. Los policías se bajaron del coche y entraron rápidamente, como si fuesen sombras en el interior del edificio. Al mismo tiempo que entraban el coche se cerraba. 

Él espero como su fuese un paparazzi esperando al famoso. Observando la entrada del hotel desde la ventajosa atalaya que era la ventana de su piso. Pronto las luces del hotel se encendieron por completo. No sólo alumbraba la de la entrada y la del pasillo si no también las de las habitaciones. Los agentes debían de estar comprobando cada una de ellas.

Fue en ese momento cuando lo vio escapando de la policía desde uno de los balcones del primer piso. El supuesto delincuente se descolgaba hacia una de las ventanas para sujetarse en las rejas. Lo consiguió justo cuando los agentes entraban en la habitación. Vio como alcanzaba un pequeño muro y saltaba a la calle. No fue el único. también los dos policías lo vieron. Uno de ellos saltó ágilmente por el balcón y aterrizó en el suelo dando una voltereta. Luego salió corriendo tras el sospechoso, tras el posible delincuente que se trataba de escapar. 

El huido salto otro de los muros y se oculto en uno de los sembrados. Moviéndose certeramente como una alimaña huidiza. 

De los dos policias fueron al coche y llamaron pidiendo refuerzos.

Al mismo tiempo, algo pareció surgir tras el sospechoso desde debajo de la tierra. Algo que lo atrapo casi sin dejarle tiempo de gritar. Él lo vio desde su ventana con el catalejo, pero sabía que no le creerían. Diez minutos después llegaron varios coches patrulla más con linternas potentes que iluminaron el sembrado. La cosa que había atrapado al sospechoso desaparecí o con el cuerpo del hombre sin vida tal y como había aparecido, cuando los policías llegaron al punto donde había estado el sospechoso sólo encontraron una de sus zapatillas Nike.