lunes, 22 de mayo de 2017

"LA FUERZA LASTIMOSA. Tiempo de Relatos." por Miguel A. Mateos Carreira

LA FUERZA LASTIMOSA
Tiempo de Relatos

por
Miguel A. Mateos Carreira
(FanFic de "El Ministerio del Tiempo")



Madrid, 2014. Biblioteca Nacional Española.



La sencilla habitación que le servía de lugar de trabajo a Marcos Jiménez siempre estaba cerrada. Nadie iba allí salvo Marcos, y ni siquiera acudía a diario, sólo una vez al mes.

Estaba preparando un libro sobre Lope de Vega. Esa obra se centraría en la pieza teatral “La Fuerza Lastimosa”.

Como siempre hizo un repaso visual de sus notas y uno mental para hacer una nueva lectura de aquella pieza en su aspecto original en papel. Metió la mano en el bolsillo del pantalón y sacó su iPod, lo usaba para grabar cortas notas de voz para después montar el texto en su ordenador. Comenzó a dictar sus habituales notas. Al otro lado de la ventana anochecía.

Terminó de dictar sus notas. Comenzó a recoger, miró el texto de Lope antes de cerrar el volumen, en ese momento, de golpe percibió que había algo más en la obra que estaba estudiando.

-Un mensaje cifrado o en acrósticos… ¿Por qué me ha parecido que hay algo más?

Miró a través de la ventana hacía el cielo. Allí estaban las nubes, como un manto, y no dejaban ver la hermosa luna llena que desde otros lugares se si podrían ver.

Siempre le había llamado la atención aquella pequeña puerta en el interior del armario ropero donde colgaba la chaqueta. Nada raro. Sólo una puerta pequeña cerrada con llave por la que con dificultad podía pasar una persona. Era una tontería comprobar si se abría o no, aunque alguna vez mientras cogía la chaqueta para irse le había parecido escuchar voces al otro lado. Había supuesto que las voces procedían del piso inferior del edificio.

Entonces, cuando fue a coger la chaqueta, vio que un humo parecía salir por debajo de la puerta.

Rápidamente pulso la alarma cercana, cogió un extintor y lanzó su contenido contra los espacios de la pequeña puerta por donde se veía salir el humo.

no tardaron en llegar cuatro integrantes de seguridad también con extintores. Se armó un gran jaleo. Marcos cogió su chaqueta y guardó el libro de Lope en su maletín. Otros integrantes de seguridad y algunos agentes de policía organizaban la salida de la gente que todavía estaba en aquella planta. Nadie se dio cuenta de que se escabulló por una de las escaleras. Al menos eso pensó inicialmente.

Dos minutas después cerró la puerta del edificio tras de sí. No creía en lo paranormal, pero el olor de aquel humo era agudo como un dolor de cabeza.

-¿Por que he cogido el libro?- preguntó en un susurro al viento nocturno.

Respiró profundamente y decidió irse a casa… ¿Dónde vivía? Le costó un gran esfuerzo recordar que cuando estaba en Madrid siempre se alojaba en el Hotel Finisterre.

Tras un paseo corto de 15 minutos llegó a la habitación del hotel y sacó el libro con cuidado. Seguidamente cogió un folio y comenzó a anotar.

Primero unas estrofas sueltas que llamaron su atención:
“Dónde el alma penas toca”
“que hace las almas iguales.”
“Ciegos, están y perdidos.”

Luego se dio cuenta que tras esas palabras había un mensaje que invitaba a mirar una serie de líneas y páginas: “página 2 lineas 22 y 62; página 3 línea 1; página 4 líneas 38, 41, 72 y 88; página 5 línea 75; página 9 líneas 70 y 97; página 10 línea 1; página 14 líneas 36, 48, 60 y 64; página 15 línea 99…” y una palabra le pareció remarcada en aquella página “PELIGRO”.

¿Qué significa esto?

Hubo un largo silencio.

Sonó la puerta. Alguien llamaba. Una mujer rubia apareció al abrir la puerta. De repente sintió un golpe. Cayó al suelo como muerto, sin poder mover un músculo.

¿Qué has averiguado?
Fue un ataque con gas. El que instaló todo usó algún tipo de sustancia hipnótica.
No lo sé, tal com oestán las cosas no tendremos confirmación del laboratorio.

Marcos no escuchó más. Lo último que recordaba antes de desvanecerse totalmente era que lo envolvían en la alfombra de la habitación.






Arzúa, 2001. Biblioteca Pública “Rosalía de Castro”.


La biblioteca estaba desierta. El silencio tenebroso se alzaba entre las estanterías.

Oscar se paseo entre ellas hasta que optó por volver a su mesa donde plácidamente descansaban sus libros y tres libretas.

El bibliotecario había tenido que ir a Santiago de Compostela y le había dejado la llave para cerrar por si él tardaba en volver.

Algo sonó, un ruido. Con pasos cautelosos y el ceño fruncido se acercó a la escalera que daba a la sala nueva. La Sala 2 solía él llamarla en secreto.

Volvió a escuchar aquel sonido a su derecha. Subió con cuidado los pocos peldaños que le permitían el acceso a aquella sala. Se apresuró a recorrer el pasillo cercano pegado a la pared. Nada. No había nada, ni nadie. Oscar pensó en darse la vuelta, cuando el sonido se repitió.

-¿Alguien en las colchonetas? -pensó. 

Con cuidado se acercó. Se quedó atónito al mirar allí. Había una alfombra enroscada. De ella salina unos pies que se agitaban. Se acordó de los enanos atrapados por los trolls en “EL Hobbit”.

Con cuidado desenvolvió la alfombra.

En su interior había un hombre bastante sofocado, con un golpe en la cabeza y que retornaba del mundo de los sueños. Entonces los ojos de Oscar se detuvieron en sus facciones.

Tenía la cara y el mentón redondeados. Una incipiente alopecia se adelantaba a un cabello castaño desordenado, y tenía gafas sobre una nariz no muy angulosa que cubrían unos ojos que normalmente debían ser dulces y pacíficos pero que ahora estaban húmedos, llorosos y mostrando pánico. Su rostro le recordaba a alguien pero la edad y la descuidada y corta barba le despistaban.

- Soy Oscar, el bibliotecario no está aquí ahora. Necesita reponerse un poco.

El hombre miró a Oscar.

- ¿Dónde estoy? ¿Qué día es hoy?
- ¿Dónde se encuentra y el día? Se encuentra en la Biblioteca Pública “Rosalia de Castro”, en Arzúa. Es día 10 de Septiembre.
- 10 de Septiembre. Era el día 17 de mayo cuando… ¡He perdido 4 meses!¡Maldito 2014!

Oscar los miró sorprendido. No era 2014, era 2001.

- Tenga la bondad de ponerse de pie. Necesita refrescarse un poco -fue lo que dijo Oscar.

Lo ayudó a levantarse y dejaron la alfombra y la colchoneta. no era de la incumbencia de Oscar como ese hombre había llegado allí. Tenía que avisar a las autoridades. A mitad del camino del baño, miró al hombre y preguntó su nombre. Sentía curiosidad.

-Por supuesto, mi nombre. Me llamo Marcos Jiménez.

La expresión de Oscar cambió. El mismo nombre del compañero de su hermano.

- ¿Le sorprende a usted?

Oscar no sabía que decir.

- Se llama como un compañero de mi hermano.

No añadió nada más, ya estaban junto a la puerta del baño.

El hombre, que dijo llamarse Marcos, entró. Se refrescó. Tosió. Buscó un pañuelo en el bolsillo del pantalón y se lo pasó por la comisura de los labios.

Mientras Oscar había llamado a la guardia civil. Todavía sentía una vaga curiosidad por ese extraño hombre.

Cuando lo vio salir del baño Oscar le indicó que se sentase en junto a una de las mesas.

- He avisado a la guardia civil. Vienen ahora y podrá denunciar a quién le haya hecho eso y contar los sucedido.

El hombre miró a Oscar a los ojos.

- Preferiría saberlo también yo -dijo Marcos, secamente.
-  Lo recordará. Recordará como llegó a esa alfombra y quizá a esta población.
- Lo imagino. Sólo recuerdo estar en el hotel en Madrid.

Allí sobre una mesa estaba el periódico del día. Marcos lo cogió y leyó.

Seguidamente sacudió la cabeza sobre le periódico y miró a Oscar a los ojos.

- ¿Es este el periódico de hoy?
- Si, del 10 de septiembre de 2001.
- ¡Dios mío! Mañana va a pasar algo muy malo…
- Preferiría no saberlo -dijo Oscar.
- En Nueva York, las Torres Gemelas caerán, un atentado con dos aviones…

No dejó nada más. La puerta del ascensor se abrió y la pareja de agentes de la guardia civil se presentó con una tensa seriedad; uno de ellos señaló a Oscar y lo invitó a acercarse. Ambos se conocían.

Oscar se detuvo junto al agente, esperando sus preguntas. Durante unos momentos nadie dijo nada, de modo que el guardia preguntó:

- ¿Es usted Oscar Gómez?
- Así es, aquí tiene mi DNI.

El agente tomó nota en una pequeña libreta.

- ¿Qué puede contarme sobre lo que ha sucedido?
-  Poca cosa. Antes de encontrar a ese hombre estaba en aquella mesa trabajando en una historia y un par de cosas más. Escuché un ruido en la sala de al lado. Me pareció que venía de las estanterías. Me acerqué  y recorrí el pasillo pero no vi nada, tampoco a nadie…
- Nada ni nadie - escribió el agente.
- Volví a escuchar el ruido. Recordé las colchonetas de la zona de video infantil. Me acerqué y vi unos pies moviéndose sobresaliendo de una alfombra. La desenvolví y estaba él.
- ¿No viste nada de nada?¿No pudieron pasar por esa puerta? -dijo el agente mientras caminaba anotando cosas en la libreta.
- No, el bibliotecario la dejó cerrada y yo no la abrí. Preferí abrir la que tenía a la vista.
- ¿Alguna idea de como llegó aquí?
- A ver, el único modo fue poco antes de oír el ruido que alguien usase el ascensor hasta esa sala. Imposible que cruzase por esta sala. No creo en hombres invisibles.
- Veamos esa alfombra -dijo el agente mientras cogía una cámara de fotos digital del bolsillo interior de su chaqueta.

Cuando se acercó a donde estaba la alfombra, dio unos cuantos rodeos antes de sacar varias series de fotografías.

Luego se acercó a Oscar con una sonrisa.

- Estoy un tanto desilusionado -dijo.
- No veo porqué.
- Leer tantas novelas de misterio y escribir relatos, pero cuando te presentan uno real delante se te escapan los detalles.
- Naturalmente. No soy un detective de novelas o de serie de televisión. Además aunque enigmático este no es más que un caso de secuestro. Es cierto, es raro que dejasen a la víctima aquí y viva, pero nada extraño.
- Quizás algunos casos como este se olvidan por no ser asesinatos -añadió el agente.

Al terminar de hablar el guardia civil comenzó a alejarse. Oscar se tropezó con una silla y observó un papel aviejado de un texto que en ese momento no pudo leer. Bajó las escaleras y se reunió con los guardias y Marcos Jiménez, como decía llamarse aquel hombre que no tenía documentación. No dijo nada.

Oscar examinó la escena con calma. Mientras veía como los agentes se disponían a ir con aquel hombre al cuartel.

- Si no te importa vendrán unos compañeros ahora a por la alfombra. Es una prueba de un delito.
- Sin problema. En todo caso si el bibliotecario llega antes se lo diré.

Marcos miró hacia Oscar. Durante un instante se sorprendió pensando en Doctor Who. Después la puerta del ascensor se cerró y fue la de las escaleras la que se abrió. La figura del director de la emisora de radio local apareció en el umbral.

- ¿Qué ha sucedido? ¿He visto a la guardia civil entrando antes y ahora saliendo con un hombre?
- Termina de aparecer un hombre en la sala de arriba -dijo Oscar señalando con el dedo- enrollado en una alfombra con los cadáveres de las películas. Este, al menos, estaba vivo.
- Pues habrá que decirlo en las noticias y que salga en el periódico mañana -dijo mientras se bajaba rápidamente a la emisora.

Veinte minutos después de ello, Oscar con los cascos puestos escuchaba  la noticia en Radio Arzúa.

“Misterioso suceso en la Biblioteca. Está mañana un joven de la localidad hizo un extraño descubrimiento en la biblioteca minutos después de que abriese. El joven que había dejado nuestro afable bibliotecario unos instantes al cargo de la biblioteca encontró una alfombra enrollada tendida en el suelo, en su interior había un hombre.

¿Cómo llego ahí? Es un misterio.

La guardia civil de la localidad se encarga de las pesquisas y está interrogando a ese hombre en estos momentos.”

Oscar se levantó recordando el papel que vio y fue a buscarlo. Era la primera página de un libro de Lope de Vega. Parecía original. Fue al ordenador entró en la página oficial de la Biblioteca Nacional Española y buscó un ejemplar digital. Las páginas concordaban. Después sacó una página impresa del libro.

El tiempo pasó. El bibliotecario no llegó a tiempo y Oscar se fue preparando para cerrar e irse.

En ese momento llegó un joven guardia. Su nombre, Alfonso. Oscar lo conocía desde hacía años pues había estudiado con su hermano y solían ir muchas veces a jugar al futbol o al pin-pong al colegio. 

- ¡Llego juto a tiempo! ¿No Oscar?
- ¿Para? -recordó entonces la alfombra- ¡Ah, si, la alfombra! ¿Te ayudo a bajarla?
- Sí, pero ponte unos guantes de estos - le entregó unos guantes de látex. 
- Creo que mi ADN ya está en la alfombra. Tenía las manos desnudas cuando la desenvolví.
- Comprendo…
- ¿Qué os ha contado? - preguntó Oscar- Seré discreto.
- Nada verificable o fiable. Dice que le golpearon mientras estaba en Madrid, en el hotel Finisterre, y que luego despertó aquí.
- Eso no es extraño.
- Lo es. Nadie con su nombre está o ha estado registrado en ese hotel.
- ¿Qué respuesta ha dado a ello?
- Que estamos en 2001 y a él le golpearon la cabeza en 2014. Además ha dicho un montón de tonterías sobre un atentado mañana y otras cosas. Creo que el golpe lo ha dejado un poco loco.
- Vaya.
- Sí, de hecho, se lo han llevado para hacerle pruebas psicológicas a Santiago. A lo mejor termina internado en alguna institución.

Oscar recordó las palabras sobre Nueva York. Cerró la puerta de la biblioteca con llave e hizo cuando salieron lo propio con el ascensor.

Después ayudó al guardia a meter la alfombra en el coche patrulla y se despidieron.

Oscar no olvidaría el suceso por lo que al día siguiente sucedió. Má la noticia nunca salió en ningún periódico.




Madrid, año 2015. Ministerio del Tiempo.


Angustias terminaba de sentarse en su escritorio, frente a la puerta del despacho de Salvador Martí, había tomado un té en la cafetería, antes había estado en los archivos, una zona extraña llena de libros y cajas de  cartón repletas de legajos y papeles varios.

Oscar Gómez era novato allí, fue quién la atendió, había estudiado Biblioteconomía y Documentación. No encontraba trabajo a pesar de sus buenas calificaciones. Estaba dispuesto a matarse cuando fue invitado a trabajar allí por Miguel, el Archivero del Ministerio. Aceptó.

Angustias sonrió al pensar en Oscar. Decía que se sentía como el bibliotecario de Hogwards en la saga Harry Potter o uno de los bibliotecarios de la serie “The Librarians”. Miguel la ponía tensa siempre que aparecía o lo veía sentado en la cafetería. Siempre sentado leyendo, escribiendo o dibujando. Curiosamente tenía una extraña amistad con Velezquez, y nadie sabía cuanto tiempo llevaba trabajando en el Ministerio. Él si conocía la existencia de las Puertas mientras que Oscar nada sabía de las Puertas y sólo iba de casa al archivo y del archivo a casa.

De cualquier manera, Angustias estaba muy animada. Su seguridad provenía de la paz que se respiraba en el Ministerio ese día. Al abandonar su mesa, no había nada nuevo en ella que entregar a Salvador. Más ahora había varios grupos de documentos para entregar a su jefe. Los recogió sabedora de su obligación y los fue a llevar a su jefe.

Como solía ocurrir en estas ocasiones, un saludo mientras le era señalado un espacio sobre el escritorio para dejar la documentación que llevaba. Cuando estaba saliendo del despacho, un escalofrío recorrió su espalda. Finalmente se sentó en su escritorio sacó un termo y se sirvió un poco de leche caliente. Algo había presentido dentro de aquel despacho. Dentro…

En un asiento mirando unas hojas que tenía sobre su escritorio estaba Salvador. Su rostro de preocupación hubiese sorprendido a cualquiera que en ese momento hubiese entrado en el despacho.

- ¡Qué demonios!- dijo al ver uno de los informes que tenía ante él.

Tocó un botón junto a él en la mesa y levantó el auricular. Dudo antes de hablar.

-  ¡Convoca a los agentes del Ministerio y manda aviso a los guardianes de las puertas en Galicia!
- ¿Qué sucede? -preguntó Angustias.
- Alguien quiere cambiar la historia de España tal y como la conocemos.

Pronto la voz de alarma cundió en el Ministerio. El primero en presentarse ante Salvador fue Ernesto, le siguieron Amelia, Irene y Alonso. Unos tres minutos después entraba Julian.

- ¿Alguno de vosotros sabe que grupos terroristas hay en España o ha habido, depende de como lo miremos?- preguntó Salvador Martí.
- Algo he leído en algunos informes. He visto cuatro o cinco nombres, los más recurrentes son ETA, GRAPO, y también aparece una reseña del GAL - respondió Ernesto.
- ¿Qué son grupos terroristas? -pregunto Alonso.
- Son grupos criminales que se dedican a matar diciendo que es luchando contra España y por motivos políticos -le contesto Julian.
- Eso es muy a grosso modo una respuesta correcta a esa pregunta. El problema es que no es tan simple la cuestión como explica Julian. Algunos son grupos criminales, mafiosos, otros nacieron legítimamente  con la intención de que la situación que en un momento determinado había en España cambiase, algunos incluso nacieron para combatir al resto de grupos terroristas. El caso es que todos matan, y todos dejan víctimas tras de sí. Hoy en día sólo queda posiblemente operativa ETA, es cierto que tenemos el terrorismo islamista, pero ese está fuera del caso para lo que nos atañe.
- ¿Qué ha ocurrido?- preguntó Irene.
- Sé de buena tinta, pues me han llegado informes de que alguien quiere que la unión y colaboración entre ETA y uno de los grupos terroristas de este informe llegué a buen puerto. Se logré mediante una acción criminal. Parte de esa acción tiene que tener lugar, ha sucedido y no podemos evitarla. Más tenemos que hacer que las fuerzas de seguridad la Guardia Civil, la Policía, tengan datos suficientes para detener a los implicados en el ataque que si ocurrió.
- ¿Cuál es el problema?- preguntó Amelia.
- Alguien ha viajado al pasado para que no haya sólo un grupo si no dos grupos asaltantes. Si el asalto tiene lugar. Morirán hombres, mujeres y niños. No podrán dejar testigos de lo que van a hacer. Tenéis que impedir que ese segundo grupo actúe. Tenemos que mantener la historia intacta. Vuestra misión es detener a ese segundo grupo y capturar a quién haya viajado al pasado para alterar la historia.

Se acercó a ellos.

-Os dividiréis en dos grupos. Ernesto e Irene, tendréis que ir primero al Pais Vasco y después a Madrid donde esperaréis ordenes. Amelia, Alonso y Julian, vosotros iréis directamente a Galicia. Hay una puerta cerca de la localidad donde tendrá lugar el suceso. Está en Betanzos, el año 1989, llegaréis el 1 de febrero. Si hace falta volveréis a ir el día 2 y el 3 por las puertas correspondientes.

En la oficina todo parecía estar ahora en calma. Salvador paseó unos instantes, miró por la ventana y luego se sentó en su escritorio a revisar la documentación que un rato antes había llevado Angustias por orden de prioridad y fechas.

Cogió el primer legajo de papeles y apoyó su espalda en el respaldo del asiento.

disfrutemos un poco de la intendencia y los informes de gastos -dijo.

Desde que entró en el ministerio por primera vez este tipo de labor era la que más apaciguaba su espíritu. Le servía para hacer un examen de conciencia de su labor. Hoy no funcionaba. No servía de nada.

No se le ocurría a Salvador ninguna razón para aquella sensación de tensión e intranquilidad.
De pronto algo captó su atención entre los papeles. Sus ojos se quedaron cultivados por algo. Salvador estaba absorto ante un papel y su contenido era singular y para algunos curioso. Era una lista de cuatro libros: “La Fuerza Lastimosa” de Lope de Vega y tres libros de H.g. Wells, “La Máquina del Tiempo”, “El Hombre Invisible” y “La Guerra de los Mundos”.

Pero la fecha de entrada de la petición no era correcta… ¡aquella fecha! Iba acompañada por un código de referencia que sólo él o el encargado del archivo podían reconocer.

¿Qué significa esto? ¿Por qué hoy llega una petición de libros que se realizará en este mismo día dentro de 2 años? -fue lo que preguntó al aire vacío que le rodeaba.

Rápidamente se levantó se acercó a la puerta y movió la mano invitando a Angustias a entrar.

Mientras esta entraba él bajo las cortinas. Después saco un inhibido de frecuencias y lo activó.

Angustias necesito que de forma extremadamente discreta haga venir al personal del Archivo.
¿A todo el personal?
Sí. Después puede tomarse un par de horas de descanso aunque deberá estar pendiente de si retornan agentes de misiones.

Angustias salió. La puerta se cerró. Y, Salvador se sentó en la esquina más apartada y oscura con un arma en el bolsillo de la chaqueta y la mano apretándola con fuerza. En su otra mano sujetaba la extraña lista.

Minutos después los seis funcionarios encargados del archivo entraban en el despacho.

Bien, ¿Quién me ha enviado esta lista?
Yo, Señor -dijo Oscar-. Obedecía la orden que la acompañaba. Estaba escrita por usted.
Saben que lo que suceda en el futuro o las peticiones que haga no deben interferir con el curso de la historia actual. Esta hoja jamás debió salir del archivo.
Señor, ¿qué contiene la lista?- preguntó Miguel.
Cuatro títulos de libros. “La Fuerza Lastimosa” de Lope; pero también tres libros de H.G. Wells: “La Maquina del Tiempo” (en inglés), y en español “EL Hombre invisible” y “La Guerra de los Mundos”.

Oscar se pasó pálido en ese momento y Miguel se dio cuenta.

-Señor, creo que el resto del personal excepto Oscar Gómez y yo debe de retirarse.
De acuerdo, Miguel. Espero una buena explicación…

Oscar se mantenía en un segundo plano alejado de ellos.

Hizo una profunda respiración. Cerró los ojos y esperó.

¿Qué es lo que tiene usted que contar Gómez? -dijo Salvador.
No hay nada que más desee en este momento -dijo Oscar-, pero es sólo un vago recuerdo.
De ningún modo los recuerdos son vagos -dijo Miguel-. Explicate sin miedo.
Hace catorce años encontré un hombre envuelto en una alfombra. No recuerdo su nombre, pero recuerdo que fue la víspera de los atentados de Nueva York.
¿Y?
Ese hombre habló de los atentados pero dijo proceder del año 2014. Junto a él estaba una hoja vieja de un libro. El titulo que había en ella escrito era “La Fuerza Lastimosa” de Lope de Vega.
¿Cree que ese hombre podría ser un agente del Ministerio? -preguntó Miguel a Salvador.
Podría ser eso o un enemigo.
Disculpen, ¿no podría ser un daño colateral?
¿Cómo? -dijeron Salvador y Miguel al unísono.
Alguien que se cruzase en el camino o de agentes del ministerio, que no se a que os referís con eso, o a enemigos.
Es una posibilidad. Sería preciso investigar eso con mucha cautela -dijo Salvador-. Será preciso que instruya sobre este ministerio a su subordinado. Aunque su estatus en el Ministerio será el mismo, desde este momento les otorgo una licencia especial como agentes. Actuarán sin decirme nada, sin ningún informe, en defensa de la Historia y del Ministerio. No hagan nada que yo no hiciese. Tengan cuidado y mucha suerte.

Durante los siguientes cinco minutos, caminaron en silencio hasta el centro del archivo. Oscar era tranquilo pero algo le inquietaba.

Has estado aquí anteriormente.
¿A qué se refiere?
Dentro de poco -prometió Miguel-. Vas a saber cuál les el secreto de este Ministerio, la razón de su nombre.
Si usted lo dice…
¡Diablos!, Oscar, es un hecho. Es lo que acabo de decir.
¿Algo o alguien te llamó la atención ese día?
No, no especialmente.

Miguel sacó una llave y abrió una puerta azul. Allí había una sala vacía de mobiliario, o casi, en el centro sobre un atril había un antiguo libro.

¿Qué ves? -preguntó Miguel.
En apariencia, no gran cosa tengo ante mi. Un libro en una sala vacía decorada con estatuas de ángeles y cuadros con ese mismo tema.

Oscar pensó en acercarse al libro y ojearlo. Miguel lo sujetó.

Ese es el Libro de las Puertas, algo así como ese “libro de los Portales” de Laura Gallego o como los libros que aparecen en “Myst”. Ese libro es el origen y la razón inicial de este ministerio. Es mi labor personal custodiarlo así como otros custodia lo que de él procede.

Salieron de allí. Recorrieron varios pasillos y llegaron a lo que parecía un profundo pozo con una escalera que descendía y descendía.
Un guardia los saludó.

Un nuevo fichaje, ¿no?
Alguien que necesita ser informado de lo que somos y tenemos, de lo que custodiamos y cuidamos -y dirigiéndose a Oscar-. ¡Sígueme!
Tengo que bajar por esa escalera…
¡Claro! Me parece que no hay más remedio no tenemos un ascensor, y la razón es que veas aquello que otros custodían.

Mientras descendían se cruzaron con varios agentes del ministerio. Saludaron.

Uno vestido de romano se acercó.

-¡Ah, Miguel! ¿Qué raro tú por aquí? toma lo que me encargaste de Jerusalén.

Le entregó un paquete y se alejó.

Entremos por este pasillo.

Oscar vio un pasillo, largo, casi sin fin con multitud de puertas numeradas.

Del libro que te mostré proceden estas puertas y otras muchas. La mayoría están aquí controladas y custodiadas, pero algunas están fuera del control del Ministerio. Sirven para viajar a otras épocas y lugares dentro de los límites de España según cada época.
Claro, seguro que es cierto -dijo Oscar escéptico-. Con un montón de figurantes haciendo sus papeles…
Bien, seguro que si cruzas cualquiera de estas puertas cambias de opinión. Elige a tu antojo.

Oscar paseó por el pasillo durante quince minutos. Llegó ante una puerta con el número 145.

Esta misma -dijo Oscar.
Por mi de acuerdo.
¿A dónde va?
Crúzala y lo verás.

Oscar abrió dubitativo la puerta que había elegido. Entró en una habitación decorada como algunas que ha visto en el norte de Africa en fotos de libros. Miró con cautela por una ventana y vio cientos de personas paseando y más adelante en una explanada obreros construyendo una mezquita. Su factura le sonaba de algo.

Oscar estaba realmente sorprendido.

Sí, bonita elección. Estamos en el año en que se inició la construcción de la mezquita de Cordova -dijo Miguel.

Volvieron de nuevo al pasillo. Después de dar varios rodeos y subir escaleras entraron en un estudio abarrotado de libros y cómics.

Las paredes eran de piedra, parecían de granito. Al fondo había una puerta negra. Miguel acercó un sillón al que tenía cerca de la ventana e invitó a sentarse a Oscar.

¿Qué haremos ahora? -preguntó Oscar.
Nos disfrazaremos y vigilaremos la biblioteca. ¿Recuerdas como era aquella alfombra?
Verde y azul. Creo que con flores y hojas de parra como motivo decorativo.
Entonces eso buscaremos.

Abrió un cajón y sacó dos libretas. Una que entregó a Oscar era de tapas negras. La otra era con un intrincado motivo plateado.

¿Qué es?
Una copia para ti de “El Libro de las Puertas”. Quizá la necesites. Si prefieres hay una versión digital.

Oscar negó con la cabeza y guardó la libreta que Miguel le entregaba.

Y, ¿esa puerta?- preguntó Oscar.
Espero que nunca sea preciso usarla. Creo que es una de las primeras puertas que se hicieron, pero usarla es extremadamente peligroso y complejo. Por eso está aquí bajo mi vigilancia.
¿No comunica con las que hay en el Ministerio en el pozo?
Si y no. Algún día te explicaré. No hoy. Hoy como te he dicho nos disfrazaremos e iremos a Arzúa, el 10 de septiembre de 2001. Veamos. La puerta a usar es la 41.

Miguel abrió un armario y le lanzó unas ropas a Oscar mientras cogía otras para sí.


(Continuará...)
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martes, 9 de agosto de 2016

Muerte en la piscina

"El hombre se movía silenciosamente caminando en los espacios entre las toallas que había en torno a la piscina, moviendo sus pies con lentos movimientos vigilando donde ponía cada uno de ellos cada vez que daba un paso. Los ojos los tenía cubiertos con unas gafas de sol que le permitían ver a la gente sin que esta pudiese ver hacia donde se dirigía sus mirada. Observaba todo con atención. Apenas observaba algún movimiento o conversación atípica entre sus vecinos de las toallas próximas.
Extendió su toalla, se quitó la camiseta y las gafas de sol. Después corrió hacía el agua donde se zambullo bajo el ardiente calor de sol del verano.
Sus ojos no veían gran cosa en el exterior del agua, pero dentro veía con claridad, sentía todo lo que le rodeaba como si un aprendizaje ancestral rebrotase en su mente. Se movió con suaves movimientos bajo las aguas.
Entoncés los notó. sintió un cambio en las vibraciones del agua. Giró su cabeza hacia la derecha, una chica joven… Nadando...
Él reconoció en ella una presa.
Se sumergió bajo el agua con suaves movimientos se acercó a ella y la rebasó, a unos dos metros hacia un lado, y a un metro de profundidad. La joven sólo sintió como un movimiento en el agua que la había rozado. Se detuvo. No sintió nada y siguió nadando lentamente.
Él buceo y esperó a dos metros de distancia de ella. No se movió. Finalmente cuando ella llegó a su altura la agarró y la sumergió bajo el agua de un violento tirón. Ella no podía respirar bajo el agua. El miedo a la muerte y el pánica la asaltaron como ladrones.
El hombre la sujetó con una llave impidiendo que se pudiese mover e incluso impulsar para sacar la cabeza y coger aire. Treinta segundos después la mujer, la joven, dejó de intentar moverse. El hombre la soltó entonces y se alejó buceando hasta la parte más alejada de la piscina. Salió del agua por las escaleras del lateral y esquivando al resto de personas se alejó como una serpiente hasta la toalla donde se acostó y cerró los ojos.
Los minutos pasaron. El hombre abrió los ojos, gritos se escuchaban de terror y pánico entre los bañistas. El hombre se sentó en la toalla y puso una camiseta verde sobre su bañador. colocó en sus ojos las gafas de sol y pudo ver entonces como las dos chicas que estaban vigilando la piscina atendiendo una en el tenderillo a los bañistas y la que actuaba a modo de socorriste corrían hacia el agua. Una de ellas se lanzó de cabeza al agua sin pensarlo, un instante después salió con el cuerpo de la joven del fondo de la piscina.
-¡Un médico! ¡Una ambulancia! -se oyó gritar.  
Nada fue posible hacer."

domingo, 4 de octubre de 2015

El Espejo de Narona

Cerca de Narona existió un castillo durante la Edad Media. Un castillo que fue olvidado por todos con la excepción de aquellos que lo heredaban. Un castillo sobre el que había caído hace largo tiempo una extraña maldición. Ruinas aisladas en una montaña en la zona de Dalmacia.

Nada ni nadie sabía que causaba esa maldición. Una maldición que  había causado la muerte de los hombres y la desaparición de cientos de mujeres y doncellas.

El último de los herederos temeroso de la maldición vendió las ruinas, el terreno, y los objetos que hubiesen sobrevivido a un francés muy rico. El hombre durante mucho tiempo exploró los restos abandonados del viejo castillo, llegando a zonas que hacía mucho no habían sido pisadas por el hombre. Sus ojos descubrieron entonces una entrada hacia un sótano. Las escaleras de piedra descendían en su boca negra y tenebrosa. Bajo a las profundidades del castillo, explorando, buscando, observando… Y en aquellas antiguas y ruinosas mazmorras descubrió cientos de muebles que cubiertos por telas y el polvo de siglos, algunos deshaciendo en añicos por causa del ambiente y la falta de aire.

Los ojos de aquel hombre brillaron, era mucho dinero que podría ganar una vez restaurados aquellos muebles que brotaban profusos por cada galería y antigua celda.

Exploró cada rincón. Cuando ya pensaba que no había nada más que encontrar se fijó en una puerta de madera que hasta ese momento le había pasado desapercibida. La abrió. Penetró a través de ella y descubrió muchas celdas vacías y abandonadas donde las cadenas colgaban como viejos murciélagos esperando una víctima permanente para habitar en aquellas tinieblas. Las telarañas no dejaban ver más allá de unos dos metros. Aquella galería abandonada terminaba en una celda cerrada con siete llaves, pero cuya madera ya estaba degradada por la humedad del lugar lo que hizo que no fuese difícil de abrir. Allí había Doce esqueletos colgados de cadenas rodeando algo que permanecía cubierto por una pesada lona que si era complicada de mover.

Con esfuerzo sacó de allí aquel objeto cubierto y lo colocó en otra de las celdas, oculto a la vista. Cuando al fin salió y se encontró en el exterior mandó avisar a las autoridades. Tras un estudio cuidadoso descubrieron que los cuerpos eran de 12 mujeres. Pero no eran cuerpos de la época medieval. Eran de hacía unos 120 años atrás.

El sacerdote de la villa cercana recordó algo escrito por uno de sus antecesores en el libro de la parroquí sobre la desaparición de varias jóvenes hermosas, alguna de ellas el día antes de su boda con el que debía ser su marido. La culpa recayó en un vampiro. Más nadie nunca encontró al vampiro en cuestión.

En la oscuridad de la noche cuando ya todos los investigadores habían partido de allí. Volvió a bajar. Sacó de la celda el aparatoso bulto, más aparatoso que pesado. Llegó a la conclusión que lo más pesado era la lona que lo cubría. Una gruesa lona negra. Lo llevó a su casa. Allí lo destapó descubriendo un espejo.

Era un espejo de estilo gótico con forma oval y que tenía diversas piedras preciosas, amatistas, zafiros y rubíes, colocadas en el marco de una forma muy especial. Había algo extraño en ese espejo. Algo tremendamente extraño…

Cada vez que lo miraba sentía algo intenso y terrible. Parecía como si unas manos arrugadas y que parecían garras quisiesen salir del espejo en busca de algo o de alguien. Lo giró y en el metal oscuro de la parte de atrás vio algo tallado, unos caracteres escritos y una figura enjuta dibujada con unos ojos que parecían las cavernas oscuras de la muerte… El hombre copio toda la imagen de la parte de atrás para investigar sobre el origen del espejo, a quién perteneció, y saber que había de inhumano en él objeto.

El texto que había escrito estaba en latín. En un latín propio de los monasterios del norte de Francia, quizá de Bélgica u Holanda. Así se lo hizo saber un amigo sacerdote de Sibenik, pero que lo poco que él había entendido hablaba de lujuria, de placer y perdida. Le recomendó destruirlo.

Esa misma noche después de la celebración eucarística cuando el sacerdote salía de la iglesia un rayo cayó en el pararrayos este es rompió precipitándose al vacío y alcanzando al sacerdote ante la mirada aterrada de los fieles que allí había.

El temor hizo que inmediatamente el hombre se deshiciese el espejo pues temía destruirlo. Se lo vendió a un noble inglés. El noble ingles era uno de los Fitz-James. Después de lo que tras vender lo que quedaba del castillo y de los muebles que había en él encontrado el hombre abandonó Europa. Se fue a algún lugar de Africa y nadie volvió a saber de él.

Fue el azar más que otra cosa lo que hizo que el espejo terminase olvidado en una de las múltiples casas señoriales de la familia. Hasta que durante una de las últimas mudanzas de la familia terminó en España donde el Duque de Berwick se lo regaló a un amigo James Dehe.

James Dehe lo estudió, le interesaba el texto que tenía escrito en la parte trasera. Consiguió traducir el texto después de muchos esfuerzos. Más el espejo le fue robado.

(CONTINUARA….)





lunes, 7 de septiembre de 2015

INMORTAL (Relato Fanfic basado en "Buffy, Cazavampiros")

Bienvenidos a las tierras que rodean Hellmouth.

Era lo que ponía el cartel de madera de roble que había cerca del I.E.S. Sunnydale en un lugar del sur de España.

Llegaron una hora antes de las nueve de la noche, setenta  estudiantes en dos autobuses,  de color blanco y con el nombre de la empresa en un color naranja oscuro o quizá rojo, en su interior los estudiantes que volvían de Santiago de Compostela dormitaban unos junto a otros o charlaban en bajos susurros. Los autobuses eran de la empresa local Del Río.

En las sombras cerca de la carretera unas sombras aproximaban a la carretera desde el río. Si alguno de los que iban en el bus los hubiese visto por la ventanilla le hubiese parecido que eran personas paseando en el atardecer o la juventud de la noche. Sin lugar a dudas, los dueños de esas sombras contaban con ello. Contaban con ser invisibles desde la carretera o a confundirse con lo que les rodeaba  para aquellos que mirasen desde la carretera.

Se deslizaron hasta el limite cercano a la carretera. Esperando la llegada de los autobuses a la cercana curva donde tenían que reducir la marcha. A medida que se acercaban los autobuses avanzaron con mayor celeridad. Uno salto ante el primer autobús impactando con su frontal. El conductor detuvo el autobús y se dispuso a abrir la puerta.

-¿Qué sucede? -grito alguien en el bus.

Esa pregunta gritada despertó a la joven estudiante californiana de intercambio que estaba en el asiento de atrás. Apartó sus cabellos rubios del rostro y una de sus manos se oculto por inercia dentro de la ligera chaqueta que llevaba puesta.

Estaba considerando volver a recostarse y cerrar los ojos cuando escuchó el primer grito. El grito aterrorizado del conductor del primer autobús.

Reconoció la señal del destino para que actuase como debía antes que todo fuese peor y hubiese más muertes. La gente del autobús que había delante profería gritos y alaridos, golpeaban los cristales de atrás tratando de huir de algo. En respuesta a la mirada interrogante de la chica vio al otro lado de la ventanilla.

-Vampiros…- susurro.

Sacó la estaca que llevaba oculta siempre. Salto por encima de los asientos con una agilidad de felino y corrió hasta el conductor.

-Open the door! - gritó- ¡Abra la puerta! Hágalo si quiere salvar a los ocupantes de este autobús, y ciérrela detrás de mí. No debe de abrir a nadie salvo a mi. ¡Entendido!
-Como usted diga Anne.

La joven saltó al exterior nada más abrirse la puerta. Dio una voltereta en el suelo y se puso de pie inmediatamente. Corrió hasta el primer autobús. Los vampiros estaban comenzando a darse un banquete con los chicos y chicas que allí había. No podía salvar a todos pero debía intentarlo. Un vampiro al verla salto hacia ella. Reaccionando lo esquivo y le clavo la estaca haciendo que esté desapareciera convertido en un montón de polvo.  El resto reaccionó dejó caer a sus víctimas y atacando a aquella joven que pegaba patadas y puñetazos a diestro y siniestro mientras que con aquel trozo de madera que tenía en sus manos eliminaba uno a uno a sus atacantes sin mostrar piedad alguna.

-¡Una Asesina! -dijo en voz alta uno de ellos-. ¡Retirada!

Los vampiros huyeron de allí aterrorizados.

La joven entró otra vez en el autobús delantero. Tres chicos y el conductos estaban muertos. Sabía lo que les pasaría en breve. El resto tenían heridas diversas estaban semiconscientes pero sobrevivirían. Se acercó a una de las chicas que iban en él.

- Buffy, ¿eres tú?- preguntó.
- Si, soy yo. Tranquila. Te pondrás bien. Os pondréis bien todos.

La chica perdió el conocimiento. Mientras escuchaba la respuesta de Buffy. Las luces de la guardía civil y de las ambulancias pronto poblaron el lugar. Recorriendo los alrededores buscando huellas, tratando de desvelar que había pasado allí.

-¿Qué sucedió?- era la pregunta que hicieron a todos y cada uno de los alumnos.

Los profesores del segundo autobús y los alumnos contestaron todos que la alumna de intercambio se había enfrentado a un grupo de asaltantes muy peligrosos. Les había parecido que debían de ser un algún tipo de secta o algo así y que llevaban mascaras o algo parecido. No podían pensar en la existencia real de vampiros.

Se centraron en ella. Podía ser que les dijese algo relevante. Solicitaron informes sobre ella a Estados Unidos, a California, de donde ella procedía. La idea era que al día siguiente mandarían a alguien a interrogarla.

Él fue el elegido para ello, sobre todo después de leer los informes sobre la chica. Seguramente se sentiría más cómoda hablando con un interlocutor en inglés. Su nombre: Ángel Corral.

Ángel era un inspector de policía gallego, amante de las novelas negras y de terror. Le gustaba vagar por lugares insospechados. La primera vez que uno de sus compañeros se fijó en él fue paseando en los jardines del castillo de Gibralfaro. Parecía una alma perdida entre la niebla de aquel día mientras investigaban la desaparición de una estudiante de intercambio.

De ese día Ángel recordaba sobre todo el reflejo de la luz sobre las hojas de las plantas del jardín y sus gafas comenzando a empañarse por la diferencia de temperatura. A él acudían sobre todo en casos sumamente misteriosos y que nadie quería investigar. Le llamaban en broma de él Mulder, por los casos que solía llevar.

Ese día estaba sentado junto a la ventana leyendo tranquilamente un libro de intriga. Era su día libre. No deberían de  haberle llamado. Le llamaron. Su teléfono sonó en un par de ocasiones. Ángel descolgó. Escuchó lo que le decían. Salió de casa. Cogió el coche y marcho al puesto de la Guardia Civil de Álora. Una hora después estaba en una de las estancias del cuartel. A su lado, la sargento Cohin encendió un cigarrillo con calma. Dejando que se fuese quemando sin acercarlo a los labios. Esperando. Ante ellos estaba Buffy Anne Summers, estudiante de intercambio.

Ángel le dijo que había mucha gente deseando saber que había pasado y a la que convenía dar una serie de respuestas plausibles y comprensibles. Ella asintió. Se miraron a los ojos con cierto reconocimiento mientras se estudiaban mutuamente.

-No sé agentes. Se por experiencia que en algunos casos la verdad no es buena idea contarla -fue la respuesta de Buffy.
-Lo entiendo -dijo Ángel-. Lo sé por experiencia. A mi me puedes contar lo que sea.
-Sólo sé que vi que un grupo de hombres vestidos de forma rara y con un extraña maquillaje atacaron el autobús que iba delante. Yo salí a ayudar a mi amiga. He aprendido defensa personal y soy muy buena en ello.
-Lo hemos visto. Pusiste a todos ellos a la fuga -dijo la sargento Cohin.
-¿Qué nos puedes decir?- preguntó Ángel.
-Sólo se que hay secretos encerrados con siete llaves en lugares ocultos que es mejor no desvelar -dijo ella como respuesta-. Esos hombres que atacaron producían terror. Me enfrenté a ellos. Ese atrevimiento es mi secreto.

Tres horas después terminaron el interrogatorio. No sacaron aparentemente mucho en limpio. En realidad, Ángel había percibido un mensaje oculto en la forma de hablar de la chica. Algo que le recordaba mucho tiempo atrás. Algo que le recordaba al hombre que le entregó el anillo que siempre llevaba en su mano izquierda. Eso había sido en realidad hacía mucho, mucho tiempo atrás, casi unos doscientos años en un barco que volvía de América y atracó en La Coruña. El hombre era viejo y sabio. Vio en él lo que otros en aquel entonces no podían ver.

Días después Ángel fue asaltado cuando volvía a su casa cerca Betanzos. Fue golpeado y cayó al río en una zona de difícil acceso. Los asaltantes lo dieron por muerto mientras se llevaban su equipaje. Él mismo se dio por muerto, primero mientras caía al vacío y después mientras se hundía en las aguas del Mandeo y era arrastrado por ellas río abajo.

Volvió en si en las marismas cercanas a Betanzos. Allí donde se juntaban las aguas del río con las del mar.  Nadó. La suerte quiso que una barca pasase cerca y lo recogiese. Fue la primera vez que murió y volvió a la vida.

Sabía que la chica había visto que él no era como los otros agentes. La siguió. Hasta el domicilio que ella tenía en Álora.

Esperó. Después vio como salía por una ventana con una agilidad que no era natural. Volvió a seguirla.   Fue hasta el Embalse Tajo de la Encantada. La perdió cerca del lugar donde el Arroyo del Granado desemboca en el embalse. Volvió al piso de ella. Fue a la puerta. Sacó un juego de ganzúas y entró. Se sentó en el sofá y esperó.

Varias horas después Buffy volvió.

-¡Hola! - saludo Ángel-. Un largo camino, ¿verdad?

Buffy casi le clava una estaca en el pecho.

-Creo que esto no es necesario conmigo. Suponía algo así.
-¿Cómo?
-No soy estúpido. Llevo mucho tiempo de aquí para allá. Creo en lo imposible. Las heridas de tus compañeros y de los muertos del autobús. Ver que muchas huellas de los asaltantes desaparecían como si se hubiesen esfumado. La descripción de las mascaras. Vampiros. ¿Me equivoco?
-No, no se equivoca -respondió Buffy-. ¿Quién es usted?
-No soy un enemigo. Mi nombre es Ángel Corral realmente, y soy oriundo de Galicia, pero mi edad no es la que aparento. ¿Cuántos años crees que tengo?
-Entre 30 y 40 años.
-130, más o menos.
-¡Vaya un viejo como cierto vampiro que conozco! Él también se llama Ángel. ¿Es coincidencia?
-No lo sé. Los vampiros en Europa tienen un nombre para mi.
-¿Cuál?
- El Inmortal.
-Seguro que no te han cortado la cabeza.
-Si lo han hecho, y también me han quemado y arrojado a una sima durante la Guerra Civil aquí en España. Simplemente no puedo morir.

Buffy lo miró. Se fijo en su aspecto. Le recordó a Giles. ¿Cuál seria la causa del sino de este hombre?

-Seguro que te preguntas, ¿por que ser policía? En un comienzo lo hice para buscar a los que me mataron la primera vez. No lo conseguí. Sólo conseguí hacer que detuviesen a dos criminales terribles que por aquella época asolaban España. El primero en Galicia, y el segundo en el Pais Vasco. Por lo tanto, decidí hacerme policía. De hecho, varias veces lo he sido, me he dado de baja para desaparecer y luego volver a aparecer con el mismo nombre como descendiente mío.
-Nunca supiste quien te atacó.
-Así es. Tú eres una Cazadora. Sé que hay otros y otras. Sé que cada vez que uno muere se activa otro potencial cazador o cazadora. No sois como Van Helsing, pero hay cosas de su historia en el mito que rodea vuestra existencia. algo que me ha parecido siempre muy interesante como estudio.
-No me preguntes. De eso yo no sé nada -contesto Buffy-. Hablare con mi Vigilante. A lo mejor podemos colaborar.

Buffy llamó a Giles por teléfono después que Ángel se fue de allí. Le habló de "El Inmortal". Nada más escuchar ese nombre su cuerpo sintió un escalofrío.

-Tiene otro nombre Buffy -dijo Giles-. La llamaron en el siglo XIX, El Guardian de la Justicia. Te citó dos casos en los que participó en España, pero también lo hizo en el Reino Unido, Francia, Italia, Holanda… Sólo un asesino se le escapó…
-¿Quién?
- Jack el Destripador- contestó Giles. Al escucharle decir ese nombre Buffy sintió un escalofrío.
-¿Por qué nunca lo capturo?- preguntó.
-Eso sólo lo sabe el consejo. Quizá algún día te lo expliquen- fue la respuesta de Giles-. Ten cuidado con él. Puedes colaborar con él, pero no le des los nombres…
-Lo tendré mientras esté aquí. ¿Quieres un informe sobre él?
-Te lo agradecería.