martes, 22 de marzo de 2011

"AL OTRO LADO DE LA OSCURIDAD" (El Lobo Blanco 4)

Un día más, Nerea empezaba a despertarse, durante la noche no había dejado de dar cabezadas sobre las páginas que tenía ante ella: un guión de teatro y el inicio de un capítulo de la novela que estaba escribiendo. Sus ojos vagaban a su alrededor preparándose para le nuevo día. Vio entonces subrayada una fraseen en el guión. la leyó, se centró y la meditó.

Se congratuló de sentir todavía el calor de su cuerpo, un calor que no hacía mucho había descubierto. Ahora volvía a ser libre, ya no era una sombra que se movía sin conciencia, sin voluntad, al servicio de aquel ser oscuro que todavía la perseguía.

Nerea a duras penas fue hasta el cuarto de baño. Las palabras de aquella frase del guión las había visto antes. Las había leído tiempo atrás en un correo electrónico. Sabía que el cansancio que la envolvía no era normal. Sentía que estaba condenada a algo y que no todo el dinero del mundo la podía salvar de la destrucción o de la conversión.

Miró al espejo. Allí estaba reflejada y viva.

Entonces vio algo en su cuello. Parecía un mordisco o un chupón, y sintió como si fuese a perder la vida, ¿qué había sucedido? ¿Cómo había llegado a esta situación?

Ella no era capaz de recordarlo.

Decidió dejar la mente en blanco. Vio un rostro y recordó un nombre, Isabel.

Nada más podía recordar de su pasado.

No recordaba que una mañana estaba con Isabel en el piso de la calle Llano Ponte en el que vivía. Era la primera vez que la madre de Nerea las dejaba solas. Conociéndola Nerea sabía que era posible que pasasen el día entero solas. Al menos, tenían dinero para unas pizzas.

Estaban solas y sentían que debían hacer algo. Trataron de estudiar, de leer, pero era pronto y se aburrieron.

Todos sabemos lo que hacemos si estamos solos y aburridos, nos ponemos "investigar" a recorrer la casa o el piso y mirar en los más oscuros rincones. Nerea casi había olvidado el terror que había vivido en aquel piso. Ahora sólo la acosaban los sueños.

Buscando así encontraron tres cosas: dos cintas de vídeo, y una extraña caja con extraños objetos guardados que no sabían para que servían.

Desayunaron mirando una de las películas, era una película romántica de Richard Gere. Nunca habían tomado alcohol. Así que fueron a un estantería y cogieron una botella que podía ser tequila o ron, pues ni siquiera Isabel pudo discernir de qué era. Se sirvieron un vaso cada una, pero al llevárselo a la boca vieron que tenía una sabor muy fuerte, que a Isabel casi la hace llorar. Así que mezclaron Coca Cola, de esa forma sabía mejor.

Nerea puso la segunda cinta de vídeo mientras Isabel se conectaba a Internet. Un escalofrío sacudió sus cuerpos. Solas en casa podían hacer lo que quisiesen. Mientras la cinta se ajustaba entraron en el correo electrónico. Allí Nerea tenía un mensaje. Allí aparecieron las palabras del guión de la obra que en la actualidad tenía en sus manos. Por él mensaje quedaron las dos atrapadas en un hechizo malvado.

Entraron en el messenger y habían conectado la webcam cuando escucharon un jadeo. Miraron la pantalla y se quedaron paralizadas al ver a una mujer haciendo cosas desconocidas para ellas. Eran los trailers de inicio de la cita y volvieron centrarse en el ordenador.

Se sentían extrañas.

Salín todavía los jadeos del televisor pero no había comenzado la película. Sus respiraciones se estaban agitando. Sentían l boca seca. Un joven les había pedido permiso para verlas por la cam, y les comentaba cosas que las hacía sentir atraídas por lo que saldría en la película.

Veían como una chica que parecía de su edad se acariciaba y tocaba con un objeto alargado.

Se olvidaron de la webcam, se centraron en la película. En la caja que Isabel había encontrado había unos objetos como el que tenía la chica de la película.

Los tomaron en sus manos.

- Son suaves- dijo Isabel.
- Sí, ¿cómo se sentirán hay abajo? -añadió Nerea.
- Parece que bien, sino mira a la chica de la película.

Se dejaron llevar entonces. Sin oponer ninguna fuerza. No sabían lo que hacían. Mientras aquel que había perseguido a Nerea las miraba a través de la cámara web y sonreía. La energía que las jóvenes desprendían lo embargaba.

Formas rojizas comenzaron a cobrar forma y cuerpo, a salir de las esquinas más oscuras. Todo se desconectó salvo el ordenador. Los rojizos seres las rodearon. Hicieron subir el calor de sus cuerpos y mentes. Luego hicieron que se debilitasen por el placer , perdiesen la consciencia, y quedasen inertes en el sofá. Aún se sentía en el ambiente el olor de la excitación, y un intenso calor.

Un ser oscuro y maligno se materializó desde el ordenador. Le quitó la ropa totalmente a Nerea, y pensaba hacer lo mismo con Isabel. Colocó la ropa de Nerea sobre el sofá en la posición que tendría si lo hubiese tenido puesta. Seguidamente cogió a la inconsciente joven en sus brazos y se desvaneció antes de poder oír abrirse la puerta del piso.

Tampoco escuchó el grito de la madre de Nerea al encontrar a Isabel medio desnuda sobre el sofá y a su lado las ropas de Nerea colocadas como si su cuerpo se hubiese evaporado. Eso salvó a Isabel que terminó en el hospital.

Mientras el oscuro ser llegó con Nerea a un lugar muy especial. En aquel lugar reunía la asamblea fatal, la asamblea de sus víctimas, un lugar que haría palidecer a cualquier policía y dejaría impresionado a cualquier asesino en serie. Allí había una serie de sillones y en cada uno aparecía sentada lo que parecía ser la estatua de una joven mujer. Todas habían sido verdaderas mujeres. Ahora la mayoría de ellas ya no eran más que hermosas carcasas de oro en cuyo interior estaban los huesos de aquellas que habían caído en las manos de ese ser. Si alguien hubiese entrado y lo hubiese visto, vería a los pies de cada sillón una inscripción con el nombre de quién había ocupado el asiento y de quién ahora lo ocupaba, con la fecha de nacimiento de cada una de ellas.

Dos sillones aparecían vacíos en uno debería estar Isabel, pero ésta se había salvado de llegar allí. En el otro aparecía ya el nombre de Nerea. A él la ató con hechizos para que no se pudiese levantar de él. Como al resto le colocó una piedra de amatista en la frente y la hizo mirar hacia una esfera piedra también de amatista que estaba en el centro de aquel lugar.

Era a través de esa bola como terminaba definitivamente con sus vidas y las hacia desaparecer atrapando en ella sus espíritus.

Fue el ser oscuro a por oro liquido y comenzó a cubrir con él a Nerea dejándole espacio para respirar, alimentarse, ver, oír y el resto de funciones vitales.

Nerea recobró la consciencia a tiempo antes de que el oro se secase sobre su piel. Ahí, en ese instante era donde ella comenzaba a recordar.

Recordaba como le faltaba el aire.

Recordaba lo que la parecieron estatuas de otras mujeres hasta que se miró las manos y comprendió la verdad.

Recordaba como antes de que aquel ser volviese consiguió levantarse de la silla. Y, en ello fue la primera en conseguirlo.

En su mente aún se veía huyendo por una cueva, cada vez más cansada. Recordaba ver la selva del exterior y lanzarse a las aguas de un río para sacarse e oro que cubría su piel.

No estaba en España. La flora y la fauna le decían que estaba en América.

Recordó que no fue hasta que la encontraron perdida en la selva no supo en que país estaba.

miércoles, 2 de marzo de 2011

"EL ÁNGEL CAIDO"

Ningún texto religioso nos ofrece una idea clara sobre el Demonio. Desde el Antiguo Textamento a obras más actuales no se ofrece una idea clara de qué o quién es el Demonio. Se nos presenta unas veces como un espíritu nocivo, tentador, hostil al plan de Dios, pero en otro punto se añade que tiene acceso a la corte celeste. Nos lo presentan como la engañadora serpiente del Paraíso o el Gran Dragón del Apocalipsis. Y, a veces, la propia religión pecó de llamar demonios a los dioses ancestrales de los pueblas. La imprecisión de las interpretaciones permite suponer que la verdad puede ser muy distinta, sobre todo porque nadie ha hablado con el Demonio, Satanás o Lucifer, ni tampoco no Dios o los Ángeles en nuestros días. Seguro que las versiones diferirían en algunos puntos pero seguro que nos brindarían la posibilidad de una historia que bien podría ser ésta. Una historia que fue encontrada por mi Jean Vigid en un recóndito lugar del norte de Canadá.

"Los primeros seres creados por Dios fueron los ángeles, los creó en oleadas y éstos se organizaron en una suerte de jerarquías. Entre ellos había uno cuyo nombre se ha olvidado pero que podríamos llamar Luthanas. Se cree que fue el primero o uno de los primeros en aparecer, y que era el más poderoso o uno de los más poderosos. Durante eones él y sus siete hermanos crearon el Reino Celestial por orden de Dios. Cada uno de ellos según le concernía su mente y conocimiento, y Dios estaba conforme con su forma de actuar.

El Reino Celestial sufrió una perturbación cuando le fue comunicado el plan de Dios. Hubiera sido algo efímero de no ser que cierto punto hizo mella en el interior de Luthanas, y la duda se convirtió en un equivoco orgullo que ensombreció su alma.

Llegado el momento Dios los llamó. Les pidió que se postraran ante el Hombre, que lo ayudaran y aconsejaran, pues su Hijo sería un hombre.

Una terrible tormenta estalló, pues Luthanas se negó a postrarse ante ningún hombre. Nadie necesito decir nada. Y. Luthanas fue apartado del resto durante un tiempo.

Cabría pensar que se corregiría su conducta; de alguna forma, no fue así, pues se sintió ultrajado.

El tiempo fue pasando. El mundo se creó con todas sus criaturas. El Hombre, Adán, apareció por obra de Dios y los ángeles fueron convocados en tornó al Edén. Su misión era cuidar esa creacion.

Se dice que la serpiente era la más inteligente de las bestias creadas. Y, Luthanas quiso vengarse de Dios, por su afrenta, a través de los hombres. Así que engañó a la serpiente para que llegado el momento hiciese que el hombre comiese del Árbol Prohibido del centro del Edén. La paz del Edén fue así rota.

Dios castigó al hombre, a la mujer y a la serpiente, y a la descendencia de estos. Parecía que Luthanas no sería castigado esta vez, más cuando Dios llamó al Reino Celestial a los ángeles la serpiente se enroscó en las alas de Luthanas, lo mordió en el cuello y así Luthanas cayó de vuelta a la Tierra.

Enfermo por el veneno perdió las plumas de sus alas. Se volvió oscuro; y como una enfermedad el Mal se apoderó de él en su debilidad.

Dios vio lo sucedido, y comprendió todo, y dijo: " Y tú, Luthanas, que fuiste de los primeros, también serás el primero en encarnar el Mal que todoslos seres del mundo albergan en su interior. Tú los tentarás para hacerlos caer, y aquellos que sean puros, aquellos que busquen la pureza y los que me sean fieles te rechazarán. Tú nombre será olvidado y otros nombres te darán acordes con tu nueva existencia. Ese será tú cometido hasta el Fin de los Tiempos. Así, sea."

Luthanas desde ese momento acató la nueva orden de Dios.

Desde entonces a muchos ángeles guardianes confundió en su cometido para unirlos a él, para convertirlos en seres oscuros como él, lo hizó haciendo que se unieran a las Hijas del Hombre. Los corrompió, y lo llamaron, El Corruptor. A otros ángeles los convirtió también, y al final estalló la primera gran guerra entre los ángeles y los demonios. Una guerra larga, muy larga de la que los hombres tienen lejanos recuerdos, y que terminó en tiempos del Diluvio.

Sin embargo, no hubo victoria ni derrota. No hubo vencedores ni vencidos, y desde entonces hasta hoy en día, siguen teniendo sus pequeñas batallas por el alma de cada uno de los seres humanos, y el destino del mundo."

"ALAS DE ÁNGEL"

Este no es exactamente un relato de terror, pero lo he colgado aquí igualmente. En este relato cualquier nombre que coincida con un nombre real o hecho es pura casualidad. Los versos del inicio si son versos reales han salido de los Salmos, de la Biblia, y cualquiera puede encontrarlos.

"Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro.
Pues de mensajeros le sirven los vientos,
el fuego llameante, de ministro."

Con esos versos escritos en un libro encontrado en su parroquia, Saúl se enteró como otros antes que él de cuál sería su trabajo en este mundo.

Saúl era párroco de un pueblo castellano, La Torre del Cielo. había sido seminarista en Santiago de Compostela y Salamanca, y había sido ordenado sacerdote, cosa no muy usual, en Roma. Le interesaban profundamente los textos bíblicos y vivió durante cinco años en, como dirían en el medievo y aun muchos hoy en día Tierra Santa. Allí vivió al estilo de Jesús, recorrió sus caminos desde el inicio en Belén hasta llegar al final en Jerusalén; y posteriormente al lugar donde sus discípulos lo vieron por última vez antes de ascender a los cielos. Siguió los pasos de los diversos personajes bíblicos, desde los evangelistas a los profetas, desde Jesús hasta Abraham. pero fue llamado a Roma, y después de tenerlo seis meses entre los libros de la Biblioteca Vaticana fue enviado a España.

A Saúl no le interesaba para nada el poder, y aún pudiendo progresar, desechaba cualquier impulso en ese campo, lo veía como una tentación. Era una persona sensata que no deseaba darse a ver.

Toda su progresión vital y académica fueron las que lo llevaron a aquel pueblo. Allí fue puesto de párroco de un pueblo casi vacío, o eso parecía. Allí vivían ángeles que estaban aprendiendo a actuar como tales. Y ,él, Saúl, había sido elegido para cuidar las almas de las personas vivas y físicas que eran esos ángeles, para buscar a otros ángeles y guiarlo a ese lugar y al encuentro con Dios, pues él los había enviado por alguna razón a este mundo.

Aún era de noche en La torre del Cielo. No hacía viento. El silencio rodeaba la iglesia cuyo patrón era San Miguel. Hacía unas horas que había sido la misa. Saúl se acordó de la joven destinada a ser un ángel que había perdido hacía ya varios años.

Escuchó entonces un murmullo lejano. El cuerpo de Saúl tembló como si sufriese en escalofrío. El murmullo llegaba del oeste, de más allá del océano. Una imagen comenzó a formarse ante él traída por ese murmullo desde algún lugar lejano. En la visión vio una ciudad cerca del mar, en ella pronto apareció una plaza con dos palomas gigantes, o eso le parecieron. Reconoció el vinculo con el ángel que había perdido hacía unos años, con el ángel en el que había pensado momentos antes. Una ráfaga de viento lo cegó, y al reabrir los ojos se encontró caminando por calles con tiendas podres y vendedores ambulantes que ofrecían diversas cosas, desde ropas a alimentos. La mayor parte de los habitantes eran indígenas americanos, no excesivamente altos pero tampoco bajos, que le recordaban a Saúl a los incas, aztecas y mayas que en otra época habían sido los señores del continente americano. Aquellas gentes sonreían mientras él seguía su camino.

Entonces la vio. La joven destinada a convertirse en ángel, la joven mujer que ya era un ángel pero que parecía dispuesta a entregarse a la oscuridad. Vio Saúl como se oscurecían las ropas del nuevo ángel y temió verlo convertirse en demonio. Ese era su mayor miedo. La siguió por varias calles, no sabía si ella lo percibía o no, pero todavía no era capaz de reconocer la ciudad en la que estaba.

La vio orgullosa y solitaria mirando a través de las rejas de un colegio, que debía estar cerca de sus casa, a los niños y niñas jugando. Luego la vio cerca de una especie de polígono industrial y creyó leer un nombre en un rótulo "SIDERPERU", ¿existiría esa empresa? Saúl no lo sabía.

Saúl sintio a otra presencia cerca de la joven, una presencia malvada que se relamía dejando ver su deseo de convertir al ángel. L oque al principio habia sido un murmullo para Saúl, ahora era el rumor de muchas voces. Vio que ya le quedaba poco a la joven para convertirse en un ángel.

Más el tentador mal la perseguía como una oscura sombra. Saúl le cerró el paso a oscuro ser.

La joven entró en una casa, sonriente, mostrando al creador la esencia de su verdadero ser y su alma luchadora, viajera, indemne al final en su lucha. Saúl sabía que había llegado el momento, ahora sabía donde estaba su ángel perdido, en Villa El Salvador, en Lima. Ahora su ángel se convertiría, y él podría verlo. Lo había salvado en el último instante, pero eso Saúl sólo lo intuyó un instante.

Vio como la joven se recostaba en su cama, luego perdía la consciencia, y salía de su cuerpo un primer ser astral. Era este ser una suerte de virgen feliz que a su vez se encogió como rezando. Saúl estaba feliz, un nuevo ángel estaba naciendo, un nuevo ángel para inscribir en el libro. Vio como comenzaban a surgirle las alas, unas bellas alas azules y doradas. Vio como la joven terminaba su transformación y en un último esfuerzo se estiró glorioso y hermosa, con sus largos cabellos castaños y sus alas extendidas.

El ser oscuro aulló vencido. La luz del alma de Saúl lo había detenido. Y había visto como aquella joven a la que creía en sus manos había huido de su tentador poder. Las llamas surgieron a su alrededor y desapareció para no volver a acosar al nuevo ángel.

El ángel flotó en el aire y se acercó a Saúl. Su voz resonó dulce en el silencio. Dijo su nombre, "Mirietel". Después la forma angelical desapareció, y quedó sobre la cama la incosciente forma de la joven. Una joven que ya no era una simple humana, una joven que ahora era un ángel y llegado el momento sería llamada a cumplir su misión como tal. Lágrimas de alegría recorrieron las mejillas de Saúl. Había podido proteger al ángel tal y como había deseado desde un comienzo.

La visión terminó. Saúl inscribió el nombre en el libro. Estaba muy cansado y débil. Pronto comprendió que no podía moverse por el esfuerzo de salvar al ángel. No le asombro: al contrario, le parecía antinatural haberlo hecho con tanta facilidad. Se descubrió rememorando toda su vida hasta que cayó inconsciente ante la imagen de San Miguel, el patrono del pueblo.

Le pareció que el mundo se iba atenuando poco a poco en su mente. Volvío a sentir terror, miedo. De pronto, todo pasó, acto seguido, sus ojos se abrieron desmesuradamente, un brillo dorado lo rodeaba. Él también había cambiado. Miró hacia la imagen del Arcángel Miguel en el retablo, parecía que le sonreía y Saúl asintió.

A la mañana siguiente, cuando llego el sacristán para abrir la iglesia a los fieles. Vio a Saúl inconsciente; le tomó el pulso con mucha atención, era un pulso débil.

Sintió que allí había pasado algo incomprensible. Llamó a una ambulancia, y Saúl fue llevado al hospital mas cercano a la población.

"EL CORSARIO DEL OLVIDO" (El Lobo Blanco CAP.3)

Juan tenía la sensación de que debería estar en otro lugar. Vivía en Santiago de Compostela, pero no era capaz e recordar ni quién era ni como había llegado allí. Había pasado varios meses en el Hospital de Conxo hasta que fue capaz de volver a hablar. Lo habían encontrado en el interior de la Catedral, inconsciente frente al altar mayor. Nadie consiguió saber como llego allí, y Juan tampoco lo recordaba. De su pasado Juan sólo era capaz de recordar un profundo terror y oscuridad, pero nada más.

Se hizo escritor, y sus textos podían ser demasiado realistas, y algunas veces con un realismo tan llenos de magia que se quedaban marcados en la mente de quién los leía.

Tenía extraños sueños, algunas veces oscuros, y él los convertía en grandes relatos e historias que como un nuevo Lovecraft ofrecía a todo el que deseaba leer algo nuevo..

De hecho, el nombre de Juan de Compostela se hizo conocido en los grupos más selectos y extraños. Sus relatos eran increíbles y su trabajo en la Editorial Follas Novas había revitalizado a esta.

Por otro lado, el obispo de Santiago lo había propuesto para pertenecer a la Orden de Santiago. Aún así todos los que lo conocían percibían en él un secreto oculto. Era cierto, pues lo tenía aunque no lo sabía.

Se sobresaltó al escuchar sonar el teléfono. Poca gente lo llamaba y él no sabía a quién llamar. Descolgó e iba a hablar cuando escuchó desde el otro lado unos gritos escalofriantes y agónicos.

Colgó rápidamente. ¿Qué significaba eso? Si era un broma, no era de buen gusto. Se sintió sorprendido al recordar de golpe una cara. La cara de una hermosa joven a la que no podía dar nombre. Sólo recordaba que ella también había gritado.

Una eterna oscuridad, una oscuridad fría como el acero de una espada, asolaba su mente cuando trataba de recordar. La mayor parte de lo que recordaba , de esos flashes, de esas imagenes, lo ponía por escrito. Inexplicablemente le recordaban los terroríficos relatos de H. P. Lovecraft y no se atrevía a mostrárselos a sus jefes para publicarlos. Sólo recordaba algo oscuro, misterioso y maligno a lo que él opuso una fuerte resistencia

Sin embargo, todas las noches al llegar la madrugada el teléfono sonaba. Lo denunció. Cambió de número. Nada sirvió para acabar con esas terroríficas llamadas. Comnezó a tener miedo en la noche.

En maldito teléfono le impedía dormir.

Tampoco se atrevía a salir de casa por la noche. había visto un hombre siguiéndole un atardecer. Desde ese día a las seis estaba encerrado en su casa.

No salía a partir de esa hora.

No hablaba con nadie a partir de esa hora.

A partir de esa hora trabajaba a través de Internet, desde casa.

Se sentía perseguido, acosado.

Casí no podía dormir, pero sí pudo acabar la primera parte de su libro con recuerdos fragmentados. Estaba compuesto de textos tan terrorifícos que hasta a los editores les daba miedo la posibilidad de publicarlos.

"Demasiado reales", decían unos y otros.

Pero Juan seguía viviendo su nocturno tormento.

" PRESENCIA EN LA OSCURIDAD" ( El Lobo Blanco CAP. 2)

Vagamente recordaba su nombre del pasado, Berto o Roberto. Vio castillos de antiguos reyes que eran como él mismo ruinas. No obstante, aún en esas ruinas había vida. Necesitaba volver pero nada sabía de Juan o de Nerea, tampoco sabía nada de la novia de Juan y sólo recordaba fugaces destellos de Sergio.

Sergio había tratado de ayudarlos a través de su hermano. Pero la fatalidad impidió cualquier ayuda, cerrando el paso a quienes intentasen salvar sus almas atormentadas.

Sin embargo, algo lo llamaba otra vez desde Avilés.

Berto se encontraba de pie, mirando por la ventana de su piso en Madrid. Su último recuerdo fue para Nerea. La última vez que la vio no era ella misma, era un monstruo que gritaba obscenidades.

Sacudió la cabeza., tratando de olvidar esa última y siniestra visión de Nerea.

Desde que aquel ser los atacó había recorrido senderos que nadie recorrería ni siquiera de día. Había sobrevivido y se ocultaba en Madrid, en un piso cerca de la Puerta de Guadalajara aunque tenía otros en cada una de las doce puertas de la ciudad. Todos esos pisos eran parte de su herencia y serían la herencia que dejaría a sus descendientes.

Había sobrevivido. Eso era todo. Todavía no podía comprender como había sobrevivido, pero lo había hecho.

Se concentró en observar los matices grises tan particulares de las nubes. La noche sería oscura, fresca. Las calles de Madrid parecía que lo llamaban a partir, a volver a Avilés, peor había decidido no volver jamás allí. Desde aquel ataque sentía como una sombra lo buscaba en la tierra que había abandonado. Debía ser valiente, fuerte. Sin embargo, algunas noches gritaba de terror ante el miedo de sus sueños.

Había sobrevivido gracias a su bondad, peor ahora lo acompañaba un arma de doble filo: la desesperación.

La verdad cuando dormía sentía una extraña sensación. Sentía que volvía a estar en su piso de Avilés y dos hombres vigilaban la entrada de la calle. Dos hombres siniestros, altos como sombras de oscuridad ocultando su rostro. Parecían nacidos del odio, del miedo. Sí, eran los mismo que trataron de convertirlo en uno de ellos y fracasaron.

Era una fría y nauseabunda sensación que surgía muchas noches al acostarse. La sensación que llevaba aquel demonio que convirtió a Nerea en aquella obscenidad de locura. Ahora no podía verla pero todavía la sentía como una presencia detrás de él, una locura que todavía le hacia palidecer.

Se aguantó el miedo, a las siete tenía que ir a la iglesia de San Miguel.

Sólo ahora, después de todo lo sucedido, mientras miraba otra vez por la ventana el cielo gris, se daba cuenta de que esos pequeños detalles de fe eran lo que lo habían salvado de convertirse en un demonio o algo parecido. Iba a la iglesia y rezaba. Rezaba por sus familiares por su padre y su madre, por su hermana, y también por las almas de Juan y Nerea. Una o dos veces al día, intercalaba a las lecciones propias de sus conocimientos académicos, sutiles lecturas de libros arcanos y de ajedrez. Aprendía ejercicios del espíritu y la mente que sospechaba necesarios para vencer a ese ser de pura maldad.

Berto aún era capaz de sentir esa presencia en la oscuridad. Buscándolo. Tratando de atarlo a las tinieblas. Sí, era en tardes como ésta cuando el sol despedía poco a poco el día, oculto tras un manto gris de nubes, cuando necesitaba recuperar fuerzas y mantener su libertad.

Su libertad era merecida. había luchado por ella, la batalla por su alma había concluido, o eso parecía. Ahora debía buscar y salvar a los otros que lo necesitaban.

Berto miraba la tarde inquieto. Entre vencer y decir que has vencido hay una gran diferencia, una diferencia que puede resultar aplastante y mortal.

La tarde pasó, llegó la noche. Se acostó tarde. Sintió como si la oscuridad de la habitación hacia encoger su corazón. La parecía que le podía dar un infarto en cualquier momento.

Con ese miedo se quedó dormido. En la oscura presencia de la noche que lo vigilaba.

viernes, 25 de febrero de 2011

"HIJOS DEL VIENTO" (Lobo Blanco CAP.1)

Era la hora de comer. En la Estación de Autobuses de Avilés se vivía el bullicio de decenas de personas, viajeros que llegaban allí desde diversos lugares de España; y, sobre todo de Asturias.

Era un día lluvioso, los clientes del restaurante y del bar se reunían en torno a las mesas mientras esperaban la hora de partida de sus respectivos autobuses. Sergio apareció con la comida para cada mesa en un carro, en este también llevaba pan. Rápidamente realizó su trabajo, y sólo un hombre se fijó en él, en su fuerza, su desenvoltura, su presencia.
Llevaba meses trabajando allí, y hasta ese momento Sergio había pasado desapercibido para todos. De hecho, la mayor parte de la gente lo veía como un elemento más de la estación. Había vuelto hacía un año y medio, casi dos. Pero el lugar elegido por sus antepasados era San Juan de Nieva. No era un lugar hermoso donde levantaron su casa, pero sí un lugar oculto a los curiosos, dura y cruel. Solamente las vistas del mar dotaban al lugar de una hermosura que sólo los antepasados de Sergio habían descrito alguna vez cuando lejos de su hogar se habían encontrado.

Sergio pensó que pronto iría allí. Mientras, a su espalda, se alzaba el bulli
cio de la gente comiendo. Pronto se irían en los autobuses y reinaría la calma. Se encogió de hombros y se dio unos momentos para mirar por una ventana. Era un día nublado, gr

is y lluvioso, con una luz mortecina que adormecía a los que salían al exterior. Volvió al trabajo esbozando una sonrisa, preparado y dispuesto para hacer su trabajo de forma abnegada.

Durante las dos primeras semanas, el trabajo le había parecido duro. De hec

ho, había estado a punto de dejarlo, y únicamente la necesidad le hizo mantenerse en su puesto.

Pronto todos lo vieron como un elemento más del lugar. Su actitud no era fruto de la casualidad sino del conocimiento que había observado en la gente que por allí pasaba. Tal vez, también un recuerdo inconsciente le hacía comportarse así, a fin de poder hacer lo que él deseaba.

No logró, a pesar de todo, ocultarse a la escrutadora mirada de aquel hombre, y esa certeza le hacía sentir una gran preocupación.

Terminó su trabajo, mientras recordó a Nerea. Fue un recuerdo fugaz que lo incomodó.

Sin llamar la atención, Sergio salió silencioso de la estación y fue a su piso. Como
sus compañeros llevaba una bolsa con parte de la comida sobrante. Apretó el paso hasta llegas a la puerta del edificio en el que vivía en la calle Llano Ponte. Sacó las llaves, abrió la puerta y entró rápidamente cerrando la puerta. Las escaleras estaban silenciosas. Si no fuera por el ruido de la calle, lo mas probable es que se hubiese sentido como en casa.

Subió en el ascensor hasta el sexto piso. Luego entró en el piso, cerró la puerta y dejó las bolsas en la cocina.

Sergio miró hacia la ventana de su estudio, volvió a recordar con tristeza a Nerea. Sergio se pasó una mano por la frente, y sintió un hondo pesar.

La tarde fue pasando, un bosque de antenas aparecía ante su mirada. Miró

a las gentes que paseaban por la calle, y vio con gozo la señal que le permitía hablar con libertad de lo que había sucedido allí unos años atrás: una desaparición y el temor de una muerte. Mientras miraba a través de la ventana su mente viajó al pasado, unos diez años atrás, cuando él tenía unos 23 años, más o menos.

Volvió a ver al grupo de jóvenes de aquel colegio alrededor de Nerea, una joven que vivía en uno de los pisos del edificio de enfrente. Los veía inquietos, y las palabras que le decían a Nerea no eran buenas. Ultrajaban a la joven en cuerpo y en alma, profanaron y corrompieron su espíritu; pues cuando pidió ayuda nadie la creyó. Salvó él, su hermano Juan y Berto.

Ahora los dos habían desparecido, nadie sabía exactamente dónde vivían. Sólo quedaba él para contar lo sucedido mientras veía día a día a aquellos que habían arrebatado la vida a Nerea. Él pensó que la habían asesinado. A lo mejor hubiese sido lo mejor. Sin embargo, la encontró por Internet, viva y lejos, muy lejos de Avilés.


Eran las siete cuando Sergio se sentó en su cómodo asiento frente a la mesa de castaño, cada vez más a oscuras y manteniéndose en silencio.

Se levantó de la mesa y fue a cerrar la puerta de aquella habitación en la que ahora se encontraba. Se le revolvió el estomago con aquellos recuerdos; y, por primera vez llamó a su jefe avisando de que estaba enfermo y no podría acudir al día siguiente al trabajo.

Le resultaba extraño lo que sentía. No recordaba nunca haber sentido algo así.
Seguramente era que no estaba tranquilo; por primera vez se preguntaba si debía haber vuelto a Avilés. Desde que descubrió a aquel hombre observándole en la estación mientras trabajaba en el restaurante los recuerdos habían empezado a atormentarle.

Berto era amigo de su hermano, Juan. Fue su hermano el que le habló de Nerea, Sergio pensó que la chica le gustaba a su hermano.

La joven tenía un serio problema.

Su hermano le contó que sus enemigos habían decidido destruir su mente y su espíritu.


Comenzaron encerrándola en pleno día en un viejo caserón abandonado de Avilés. En él habían hecho una terrible invocación, y querían entregar a Nerea a ese ser invocado. la puerta se abrió cuando entró, y seguidamente se cerró sin posibilidad de ser abierta desde dentro. No había luz.

Luego escuchó la voz de un desconocido que la llamaba por otro nombre.

Una voz que la hizo correr aterrada por la casa sin encontrar cobijo, tratando de esconderse para que aquel al que la voz pertenecía no la encontrase. Sin embargo, entró en su mente
sugiriéndole hacer tentadoras cosas.

El astuto ser comenzó a formarse. Comenzó por unos terribles y endemoniados ojos rojos que mostraban una cruda y sangrante maldad.

Sergio recordó como su hermano le había contado todo eso, como le contó que Nerea había conseguido huir ero que desde entonces no había vuelto a ser la misma.

- Dicen que Nerea...- era como Sergio había comenzado su relato. Pero no es lo mismo contar una historia que vivirla, la diferencia es el miedo. Sergio lo sabía.

Entonces Sergio miró a la ventana. e quedó helado, en la habitación en que estaba solo, sin saber que estaba pasando. Cerró lo ojos y se pasó la mano por la cara. Le había parecido ver
al otro lado de la calle, en una de las ventanas aquellos ojos rojos.

A su mente llego la imagen de un hombre cuyos ojos como el hielo le habían hecho recordar todo. Eran los mismos ojos que había visto en aquella ventana. Los mismo ojos que persiguieron a Nerea.

Recordó como su hermano llamaba al grupo que forma junto a Berto y Nerea: Los Hijos del Viento. Y, a él que nunca había sido parte del grupo lo llamaba "Viajero". Tenía razón, Berto, Nerea y su hermano desaparecieron como hojas sueltas en el viento. Sí, eran los Hijos del Viento porque sus poemas eran como una brisa acudiendo a los corazones.

Fue entonces consciente de que el dueño de aquellos ojos rojos los había hecho desaparecer para todos. Al menos, eso le parecía a él.



Primer Capítulo de la novela " Lobo Blanco" de Miguel A. Mateos Carreira con la licencia siguiente, esta licencia es igual para los otros capítulos de la novela que aparecen en el blog:

martes, 22 de febrero de 2011

"LA CONDENA" (The Sentence)

Este relato tiene traducción al inglés.

EN CASTELLANO

No recordaba haberse dormido. Entumecido, con el temor de haber cometido algo horrendo. Ante ese temor soltó un angustioso gemido. En sus ojos se veía: intranquilidad, dolor y suplica. Sentía incluso a la soledad que le rodeaba como algo terrible. ¿Qué había sucedido? Lo último que recordaba era salir a pasear y ver la luna llena entre las nubes. Luego todo era vago, borroso.

Años atrás algo similar le había sucedido en su tierra natal, los vecinos sintieron temor, lo vieron como algo peor que una desgracia, sentían asco y pánico al mirarlo. No pudieron matarlo y él se fue, sin reparar jamás en su destino.

Había amado a muchas jóvenes, aunque su corazón sólo pertenecía a una. Ahora la duda carcomía su alma. Quería huir lejos o morir, en sus ojos brillaban lágrimas. NO sabía si su mal era la causa de los sucesos que le rodeaban o vivía atrapado en un triste delirio.

Llamaron a la puerta de su casa. Era Samuel, el jefe de policía, su único amigo. Un amigo al que no podía hablar de su carga, de su condena. Abrió la puerta.

- Bueno, Daniel, hoy ha vuelto a suceder otra vez.
- ¿qué edad tenía?
- 20.

Tenía en sus manos varias hojas cubiertas de plástico. Y, Daniel supo que había símbolos, y aquellas extrañas palabras. Luego, alargó su mano, las cogió y las miro.

- Y esto, sucede siempre que hay luna llena, ¿verdad?

Mientras Samuel le explicaba, Daniel comprendió hasta donde podía llegar su condena. El texto era incomprensible, pero las imagenes eran detalladas.

- Dios sabe que dirá el texto, pero los dibujos son muy buenos. ¿Qué te parece?

Daniel asintió con la cabeza.

- Si, unos vuenos dibujos .No sé. Podría intentar saber que dice el texto.
- ¿Qué quieres decir?
-Pues que el texto es tan importante como los dibujos y la persona muerta. Todo está vinculado.
- Podría ser. Me parece que solicitare que te dejen estudiar esos textos.

Daniel se disponía a aventurarse cuando se lo permitiesen en esa traducción del galimatías, suspirando por su infortunio. Si le hubiesen dado la posiblidad habría sido capaz de descender hasta el imperio de las sombras.

Nadie le amaba, nadie le quería, a pesar de ser amigo suyo, también Samuel le parecía un parásito sin corazón. No olvidba a la madre que una vez tuvo; pero no se despidió de ella en el pasado, y no haberlo hecho desgarraba su corazón.

Samuel le envió fotocopias de los textos. Él estudió cuidadosamente lo que ponían. Tardó, pero consigió una traducción. Era la siguiente:

"Mi juez es Dios:
Qui nunc it per oter tenebricosum,
novissime hunc ad usque limpidum lacum.
At tu, destinus obdura,
qui tantum tibi misit impiorum.
Puella nam mei, quae meo sinu fugit,
cum longa voluisti amare poena.
Nudum sinum reducens,
virgo, ades.
Surgere iam tempus,
recente terrae sola sanguine maculans,
alios age incitatos, alios age rabidos."

Daniel frunció el ceño. No podía enteder ese poema junto a cada cuerpo.

Fue a su biblioteca, a por un diccionario de latín. Y, consiguió traducir el texto.

Cuando terminó la traducción, vió en su alma el puñal despiadado que había derramado aquella sangre.

Él era el asesino. Él había hecho ese mal.

Salió corriendo. Tropezó junto al rio, y un hombre lo vio hundirse en las oscuras aguas. Se ahogó. Un final escalofriante de una condena.

EN INGLÉS:

He did not remember falling asleep. Numb with fear of having committed something horrendous. Before that let out an anguished moan fear. His eyes looked: restlessness, pain and begs. Loneliness felt even surrounding him as something terrible. What had happened? The last thing he remembered was going for a walk and see the full moon in the clouds. Then everything was vague, fuzzy.

Years behind something similar had happened to him in his natal land, the neighbors felt dread, saw it as something worse than a misfortune, they were feeling disgust and panic on having looked at it. They could not kill it and he went away, without never repairing in his destination.

He had loved many girls, but his heart belonged to only one. Now the doubt gnawed his soul. She wanted to run away or die, tears shining in her eyes. I did not know if his illness was the cause of the events around him or lived trapped in a sad delusion.

They called at the edge of his house. He was Samuel, the chief of policeman, his only friend. A friend to the one that could not speak about his load, of his sentence. It opened the door.

- Well, Daniel, today has returned to happen again.
- What age had it?
- 20.

Was holding several sheets plastic covers. And Daniel knew that symbols, and these strange words. Then held out his hand, caught them and look.
- And this happens whenever the moon is full, right?

While Samuel was explaining, Daniel knew where I could get his sentence. The text was incomprehensible, but the images were detailed.

- God knows I tell the text, but the pictures are very good. What do you think?

Daniel agreed with the head.

- If, a few vuenos drawings .No know. It might try to know that he says the text.
- What do you want to say?
- So that the text is so important as the drawings and the dead person. Everything is linked.
- It might be. It seems to me that it will request that they leave you to study these texts.

Daniel was about to venture when so permitted in that translation of gibberish, pining for his misfortune. If he had been given the chance would have been able to descend to the rule of the shadows.

Nobody loved, nobody wanted, despite being his friend, also a parasite Samuel seemed heartless. Do not forget the mother who once had, but did not say goodbye to her in the past, and I had not ripped his heart.

Samuel him sent photocopies of the texts. He studied carefully what they were putting. It was late, but consigió a translation. It was the following one:

"My judge is God:

Qui nunc it per oter tenebricosum,
novissime hunc ad usque limpidum lacum.
At tu, destinus obdura,
qui tantum tibi misit impiorum.
Puella nam mei, quae meo sinu fugit,
cum longa voluisti amare poena.
Nudum sinum reducens,
virgo, ades.
Surgere iam tempus,
recente terrae sola sanguine maculans,
alios age incitatos, alios age rabidos."

Daniel wrinkled the frown. This poem could not enteder close to every body.

It went to his library, for a dictionary of Latin. And, it managed to translate the text.

When completed the translation, he saw the knife in his soul ruthless that blood had been shed.

He was the murderer. He had done this evil.

He ran. He stumbled along the river, and saw a man sinking into the dark waters. He drowned. A chilling end of a sentence.