sábado, 18 de febrero de 2012

EL LIBRO

Faltaban apenas unos instantes para dejar aquella vieja mansión atrás. Una ve más iba a dejar ese adusto edificio para salir al mundo exterior, a su propio mundo. Sentía que el tiempo de estar allí e incluso el de que el edificio se siguiese manteniendo en pie se terminaba, pero también que todavía le quedaba algo que hacer allí. Camino por el pasillo y se aproximó a la puerta de la biblioteca. Entró. Allí donde en otro tiempo había libros ahora había estantes vacíos. Bueno, no todos estaban vacíos. Todavía permanecía allí un único libro. Un libro que se había quedado sólo como él mismo. Sus compañeros habían partido hacía mucho tiempo de allí. Unos tuvieron suerte y terminaron en otras bibliotecas, en librerías, en lugares dónde alguna vez pudiesen llegar a la persona adecuada. Pero el que allí permanecía no tenía esa suerte.

Existe la creencia de que hay una organización dedicada a destruir libros especiales, libros que pueden resultar peligrosos cuando están en manos inadecuadas, o libros que pueden ser peligrosos para sus propios poseedores. Son libros que se dice que pueden atrapar el alma de aquellos que intentan desvelar sus secretos. Algunos creen que si una persona aparece inscrita en uno de esos libros y ese libro permanece en el mundo esa persona se vuelve inmortal, no envejece, y el tiempo parece no pasar por ella. Si bien otras leyendas hablan de puertas a mundos que jamás deberían de abrirse. Eso llevo a Andrew Buckland a coger ese último libro de la estantería, envolverlo entre periódicos y trapos, guardarlo en su mochila y salir de allí. No sabía lo que estaba haciendo. No sabía que libro era el que había cogido.

Era el Libro de Shan Umn.

Andrew trabajaba como contacto entre la Biblioteca Nacional Britanica y la Biblioteca Nacional Española. Su labor era, además de organizar trabajos de cooperación entre bibliotecas, el estudio de libros extraños. En su vida había estudiado desde códices medievales hasta viejos rollos de pergamino. Pasaba la mayor parte de su vida en las bibliotecas o en sus pequeños despachos de Londres y de Madrid. Sus padres habían comprado aquella mansión muchos años atrás, pero al morir siendo él aún un niño, quedó cerrada.

La época en que sus padres murieron fue extraña para él pues veía cosas que nadie podía ver y sentía cosas que nadie debía de sentir. Casi se volvió loco, pero sólo fue un casi.

No sabía que a partir de este momento, en el que retiraba de allí ese último libro le perseguiría la oscuridad. No sabía que sería acosado por hombres que parecen sombras misteriosas. No sabía que el terror más oscuro lo rodearía.

Durante meses después de recoger el libro vivió una vida perfecta como un bello cuadro, una vida áurea. Pero el destino de aquellos que aún por un momento llegan a vivir ese tipo de vida puede volverse tétrico, tenebroso, y hacer que ellos mismos caigan en un abismo insondable.

Ese abismo oscuro comenzó a mostrarse poco a poco ante Andrew. Al principio no lo podía creer dentro de su perfecta vida, no hizo caso de las señales de aviso. Entonces comenzaron los extraños sucesos. Primero como pequeñas lagunas en su mente, como si alguien moviese cosas cerca del lugar en el que se encontraba. Luego siguieron los aullidos de los perros cuando pasaba cerca como si tratasen de avisarle de la muerte que se acercaba.

Fue en ese momento cuando comenzó a ponerse muy nervioso.

(CONTINUARÁ...)

martes, 17 de enero de 2012

Los Guardianes de los Libros

Mi primer contacto con los Guardianes de los Libros, fue también mi primer contacto con los Hombres de Negro, y recuerdo que tuvo lugar cuando yo estudiaba en el Colegio “Virxe da Cela”, en O Xestal. Aún recuerdo el libro que unos querían destruir y otros proteger, un precioso ejemplar medieval con texto escrito a pluma, su autor era desconocido, y tenía además de un texto escrito con una hermosa letra muchos dibujos y diseños que no recuerdo con claridad. El libro lo terminaba de encontrar entre los restos de un monasterio, el Monasterio de Monfero, junto a él yacían en el suelo como colocadas en un túmulo las páginas sueltas de pentágramas musicales una de cuyas hojas también recogí. El Guardián cogió el libro de mis manos, no así la hoja con la partitura que permaneció en mi mano. Me dio las gracias y salió corriendo hacia la espesura del bosque. Segundos después dos hombres que me parecieron en ese momento monjes aparecieron preguntándome por dónde había escapado aquel hombre. Yo en mi ignorancia de entonces se lo dije. Eso me han dicho muchos años después salvo mi vida.

Aquellos Hombres de Negro eran miembros de la Orden del Silencio. Su misión destruir todo aquello que pueda influir en lo que ellos tienen designado para nuestro mundo.

¿Porqué he contado este suceso? Tal como hoy están las cosas en nuestro mundo es mejor recordar algunas que permanecen perdidas en nuestra memoria. Pues, para valorar los bienes que uno tiene hace falta conocer su valor. Muchas veces lo desconocemos totalmente. Desconocemos realmente el valor de un libro, de una película, de una canción, sólo existen unas pocas personas capacitadas para ejercer esta valoración. Son personas competentes y capacitadas legalmente por nuestras leyes para tal valoración, pero, que, al mismo tiempo, tienen un conocimiento que está más allá del que nosotros tenemos. Podría decirse que si nos comparamos con ellos somos turistas que con cámaras de última generación visitamos un monumento. Lo miramos. Lo fotografiamos. Pero no lo entendemos. Por ello los Hombres de Negro siempre han jugado con ventaja sobre la mayoría de los seres humanos. Ellos si conocen el valor de esas cosas, y por eso buscan su destrucción antes de que todos lo conozcamos.

Las nuevas tecnologías asustan a los Hombres de Negro pues saben que a través de ellas corre no un río si no un mar de información. Información de libros, de películas, de guiones, de series de televisión, de canciones que ellos no pueden controlar. Por eso se infiltraron en estamentos públicos, productoras, editoriales, etcétera con el fin de detener ese gran peligro para ellos.

No hace mucho en una serie de la BBC, se decía a la población que miraran a sus espaldas con atención, pues tras ellos estaba el peligro. Era en Doctor Who, cuando se enfrentaba, no se si por casualidad o no a “El Silencio”, una orden de alienigenas que querían destruirlo. ¿Es una casualidad también que después de la “victoria” del Doctor se cerrara Megaupload? Yo sé que no, pues también los Guardianes aunque son menos se infiltran de vez en cuando para ayudar a proteger libros, películas, guiones, canciones. Ellos tienen constancia de que no ha sido así. Ellos saben que ha sido cosa de los Hombres de Negro, pero no lo pueden demostrar, pues temían y temen que cierta información llegue al público, y como en el episodio de Doctor Who, sea el público quién los destruya.

¿Quiénes son los Guardianes de los Libros? Son los protectores de la cultura. Tienen una inmensa biblioteca oculta en algún lugar de la tierra. Allí tienen siete copias de cada libro que tienen que proteger, y tres copias del resto de libros. Lo mismo hacen con las películas y las canciones. Durante siglos se han estado enfrentando a los Hombres de Negro, han permanecido como estos en la sombra, ocultos, adelantándose siempre que les era posible a los Hombres de Negro. En muchos casos lo lograron, pero en otros no. No pudieron prever el cierre de Megaupload, a pesar de que alguien dejado caer de que podía suceder, y vinculado a este por miedo el de otros servidores de enlaces de información diversa. Eran enlaces no sólo a obras con derechos de autor de productoras o similares, sino obras que los propios autores o productoras pequeñas habían colgado para dar a conocer su trabajo al mundo, cosa que las editoriales y las productoras, de cine, series y música, no les permitían hacer con libertad.

El uso de agencia gubernamentales como el FBI o la CIA por los Hombres de Negro es algo que se ha hecho durante años. Algunas películas que no consiguieron eliminar y guiones de TV y cine así lo demuestran. No se puede contar como ficción algo que no tenga un punto de realidad. Sin embargo, tampoco debemos de fiarnos de los “Robin Hoods” que aparecen como salvadores o vengadores frente a estas acciones, los Guardianes de los Libros saben que muchas veces son la otra “mascara” que oculta a los Hombres de Negro.

En cuanto a los Guardianes de los Libros, ¿cómo reconocerlos? Es sencillo. Son gente callada, anónima, que gusta de estar en lugares donde hay muchos libros...

¿Sólo eso?, diría alguien. No, por supuesto.

Tienen otras características. Han sido Corsarios y aún mantienen las patentes de “corso” que en otro tiempo les otorgaron. Su misión fue y es en todo momento recuperar libros u otros objetos similares. La última vez que actuaron a cara descubierta fue cuando la Biblioteca de Alejandría iba a ser destruida. Durante los meses previos, sabiendo que eso iba a suceder, copiaron la mayor parte de los libros que allí había y aquellos que no pudieron copiar se los llevaron. Era una época convulsa. Varios de ellos murieron. Por su causa una joven murió entonces. Ellos no se lo perdonan a si mismos, es su penitencia. Ellos no quieren que muera nadie ni siquiera sus propios enemigos.

Fue entonces cuando crearon los anillos y colgantes para reconocerse entre ellos y con sus mecenas. Eso haría que muchos escritores hablaran de Hermandades y Compañías vinculadas a anillos o colgantes, se dice que uno de ellos fue J.R.R. Tolkien. En realidad, de forma imperceptible los Guardianes se habían puesto en contacto con esos escritores. También lo hacen hoy en día con escritores, guionistas, y directores de cine. Lo hacen en secreto, de noche o de día, y en el lugar más insospechado.

Antes de ahora pocos hablaron de los Guardianes de los Libros o de los Hombres de Negro. Eso no significa que nadie hablase de ellos significa que nadie había prestado atención. Jacques Bergier, autor oculista, los denomino sociedad secreta que desde tiempos inmemoriales se dedicaba a localizar y destruir libros que poseían conocimientos ocultos que ellos creen no deben caer en manos "profanas" o "indebidas". Hablaba de ellos en "Los Libros Condenados".

Fue ese el libro que me hizo recordar aquel lejano suceso. Fue el libro que me hizo comenzar a investigar.

Así mi "viaje" comenzó un día 29 de septiembre de 2006. Un viaje con el fin de conocer, de saber, y de descubrir aquello que no debemos nunca olvidar que si dejamos un mundo sin libros, aunque estos sean electrónicos o sean escritos en blogs o foros, es como dejar un cuerpo sin alma.

Comencé esa búsqueda a través de la búsqueda de los Libros Malditos, los Libros Condenados, aquellos libros que fueron odiados y perseguidos. Para ello comencé mi rastreo en libros modernos de ocultismo, de magia y de esoterismo. Durante meses no encontré más que lo que otros parecían querer mostrar, un "camino" marcado hacia una serie de listas. Las listas que los tribunales de la Inquisición habían realizado durante la época medieval.

Sin embargo, como conseguir alguno de esos libros. Fue en una de esas listas dónde descubrí un pequeño libro, un ejemplar raro, muy raro, un libro de mitos y leyendas. Me pregunté la razón de que estuviese allí. Hoy en día seguramente hubiese sido un libro muy leído, pues hablaba de seres como vampiros, fantasmas, demonios, y muchos seres fantásticos. Supongo que el problema fue en aquel entonces la forma de tratarlos por su anónimo autor. En el había un relato que capto mi atención.

Contaba aquel relato la historia de una caravana que viajaba por la noche, y por el día sus integrantes se recogían bajo las tiendas a descansar. La poca gente que los había visto los describía de forma indeterminada, no sabían describir nada más que sus ojos. Tenían unos ojos brillantes, profundos, sabios, que parecían llamas centelleantes en torno a la demacrada piel que los rodeaba. Pero ellos llevaban consigo unos venerados libros dónde se contaba lo que era, lo que es y lo que habría de ser.

"Se dice que un día. La caravana llegó a Roma. Las gentes al ver su comportamiento los acusaron de ser seres malignos y de querer destruir a las gentes de la ciudad. Se dice que el emperador ordenó que fuesen detenidos y finalmente llevados a las celdas del circo. Más no todos fueron capturados. El más anciano de todos ellos le entregó los libros a uno de los niños, y le obligó a huir fuera de la ciudad. Así los libros fueron protegidos de las iras del emperador y de las gentes de la ciudad.

Pero el niño, decidió vengarse. Copió los libros con cambios que no se percibían inicialmente. Y, un atardecer acudió con las copias ante el propio emperador que paseaba junto al río Tiber. Le ofreció al emperador los libros por un precio justo con una condición. La condición era que ni él ni ningún habitante de Roma, ni nadie que estuviese en Roma los leyese. El emperador la primera vez que le ofreció el trato se negó en redondo. Sin embargo, miembros de su consejo cercano le hicieron recordar lo que le sucedió a Tarquino. Así cuando llego por segunda vez la oferta acepto y los libros le fueron entregados. Más el emperador no cumplió lo acordado. Tal y como el joven esperaba. Y, los libros fueron leídos por él y por los miembros del senado que eran afines a él y con los que tenía mayor confianza.

Los libros hablaban de la gloria de Roma, de su poder, de una nación completamente invencible que dominaría el mundo y nunca caería. Hay estaba la mentira. Confiaron como en las profecías en lo allí escrito. Les hice creer de forma inquebrantable en que no podían ser vencidos, y, por su causa Roma cayó en poder de los Bárbaros que del norte llegaron."

Me llamó la atención pues mostraba una clara labor de desinformación. Pero también mostraba la necedad del ser humano.

Así que comencé a investigar en Roma, en Italia. Fue allí donde descubrí a uno de los Guardianes. Un hombre que permanecía trabajando en la biblioteca del Vaticano. Él me enseño a Ver y a Buscar. No le hablé de lo que me había sucedido de niño, no le hable de que mi anhelo era descubrir el lugar en el que estaba la mayor de las Bibliotecas del Mundo. Necio de mí. No conocía la responsabilidad que eso conlleva. Es algo que ahora si sé.

(Continuara...)

viernes, 2 de diciembre de 2011

La Oscuridad del Cine

Muchas de nuestras ciudades tienen cines. Unos cines son grandes y otros pequeños. En algunos lugares hay varios cines. Hay los cines de siempre y hay cines en hoteles u otros establecimientos similares.

Cada cine tiene su historia. Cada cine tiene sus secretos.

Este relato es un relatos de uno de esos cines. Un cine oculto, de una única sala. Un cine que permanece escondido a las miradas inquisitivas del turista que ajeno pasa por esa calle. Un cine digno de salir en uno de los programas de Iker Jimenez en Cuarto Milenio u otros parecidos.

¿Por qué lo es? Por los sucesos extraños que suceden en el cuando las luces se apagan y se inicia la proyección de las películas.

Ese cine se encuentra en Ciudad Rodrigo, en Salamanca, en una de esas ciudades medievales que hay en España. Una de esas ciudades dónde todos se conocen, o casi, y dónde las historias familiares se remontan a siglos atrás.

Aquellas personas que vieron o sintieron, que percibieron o descubrieron, en la oscuridad el secreto de la sala de ese cine no se atreven a contarlo salvo en susurros, para no ser escuchados y sobre todo escuchadas, pues nadie creería sus palabras.

¿Nadie? No, seguramente si existiese quién lo creyese pero seguramente se equivocaría en la verdad.

Todo empezó en tiempos remotos. Los antiguos habitantes del lugar descubrieron que allí se habría una puerta a otra dimensión, a otro mundo. Creyeron que era una entrada al mundo de los dioses, o de algún dios concreto. No se equivocaban. Era una puerta. Era una puerta a través de la que unos seres no muy diferentes a los demonios penetraban en nuestro mundo para tratar de tener descendencia en este. Una descendencia que les permitiese acceder definitivamente y reinar en nuestro mundo. En aquel entonces un poderoso druida consiguió cerrar la entrada, y todo quedó olvidado por todos salvo en unos viejos pergaminos de la época romana dónde se contaba la leyenda.

Pero la gente lo relegó al olvido. Y en su afán de construir y construir, fue alzando casas, palacios y otros edificios allí. Levantaron murallas. Pero olvidaron su pasado remoto, salvo en lo concerniente a héroes, riquezas y otras cosas semejantes. Olvidaron a las Sombras de la antigüedad.

Sin saberlo volvieron a abrir la puerta por el druida cerrada, y aquellos seres olvidados salieron al exterior.

El tiempo pasó Durante la época medieval sucedieron algunos incidentes misteriosos. Mujeres que denunciaban haber sido atacadas por algo o por alguien en la oscuridad. Las autoridades investigaron pero no descubrieron nada.

Todo volvió a olvidarse. Hasta ahora...

Empezó todo cuando una joven, Teresa, que había acudido de excursión con su colegio a Salamanca y tenían habitaciones en uno de los hostales de Ciudad Rodrigo, fue con una de sus amigas al cine.

Ir al cine puede ser relajan, puede hipnotizar e incluso dar sueño a la persona que allí acude.

Habían entrado despreocupadamente en la Sala del cine. De la misma manera se sentaron en sus butacas respectivas, una al lado de la otra. Sus ojos se centraron en la pantalla ya antes del inicio de la película. Se sentían muy relajadas. Era como si la película las estuviese hipnotizando.

Entonces una sintió como si unas manos comenzaran a tocarla suavemente. Le tocaban los brazos... Le tocaban los hombros... Poco a poco su cuerpo respondía a esas caricias cada vez más atrevidas... Sintió como si unas manos entrasen por el escote de su blusa... Estaba a punto de dejarse ir.... Se dio cuenta en ese momento de donde estaba... Se levantó de golpe asustando a su compañera y amiga... Y, rápidamente salió por la puerta...

Cuando su amiga llegó a su lado y le explicó lo sucedido esta no daba crédito a sus palabras.

- No había nadie en los asientos de atrás. Lo soñarías o lo imaginarías.

Ella sabía que no. No podía olvidar esa sensación. Y, su recuerdo todavía hoy la acosa por las noches.

Sin embargo, no es la única. Otras también han sido asaltadas por algo en las zonas cercanas a ese cine, peor sobre todo en su interior. Algunas pensaron en que alguna persona que se escondía lo hacía, pero nunca descubrieron a nadie ni antes ni durante ni después...




miércoles, 7 de septiembre de 2011

El Secreto

(Algunos de los nombres de este relato son reales y otros son pura ficción. Aunque los sucesos podrían estar basados en hechos reales nunca han sucedido en el lugar que se cuenta en este relato y, por tanto, son todos ficción a pesar de haberles dado un toque de realidad.)

La Biblioteca de Aldershot era el lugar al que prefería ir. Se podría decir que era su centro de operaciones. La biblioteca tenía dos salas y cuatro accesos, dos accesos por ascensor y dos por puertas. En la Sala Uno estaban los accesos principales, si se podían llamar así, eran los accesos que controlaba Richard Watson, el trabajador más antiguo de la biblioteca. Sin embargo, en la Sala Dos había otros dos accesos, aunque de ellos sólo la puerta funcionaba como tal.

Era allí donde él, Adan Holmes hijo de Sherlock Holmes (no el personaje de Doyle sino una persona real a la que le pusieron ese nombre en honor al personaje), iba a diario para estudiar, trabajar, y un largo etcétera de actividades que se podían hacer en una biblioteca.

Ese día estaba sólo. El sonido de unos pasos sonaba por la vacía biblioteca. Pasos que unas veces se acercaban y otras se alejaban. Sin embargo, a nadie se veía por sus pasillos.

Caminaba por el pasillo con dos libros en la mano: uno sobre la Teoría de la Relatividad, y otro sobre el Big Bang. Entonces vio una sombra escurriéndose por uno de los laterales. Sin dudarlo la siguió, pero no encontró a nadie.

Se sentó en su mesa habitual cerca de la ventana de la derecha en la Sala Dos, desde dónde podía ver a la gente que entraba allí a pesar de que una estantería molestaba su visión directa de la puerta. Hacía unos instantes había entrado Paula y se había puesto a trabajar con su ordenador en la mesa más próxima a la salida de la sala. Por otro lado, justo detrás de ella había otro joven también estudiando en otra de las mesas. Cerca de Adan estaba Josh Breeding mirando algunos libros de filosofía o quizá de religión o esoterismo, pues estaban todos en la misma área de la biblioteca. Eso era algo que Linda seguía sin entender del todo a pesar de que se lo explicaban continuamente.

Entonces entró Lorraine Monastery, como siempre, con sus apuntes. Adan sospechaba que se dedicaba a algo más que estudiar allí. ¿La razón? Sencilla. Había observado que se acercaban a ella algunos jóvenes en concreto dos: un joven desconocido y otro cuyo nombre era Vergil Clouds. Adan por experiencia sabía que allí pasaba algo no habitual, desde pequeño le habían adiestrado en observar los más pequeños detalles y, por eso, sabía que allí sucedía algo más. De hecho, no era nada habitual que estando estudiando y llegaba cualquiera de esos jóvenes. Después de intercambiar unas palabras saliesen un instante a las escaleras. Al menos, eso suponía Adan, pues nunca los siguió.

El joven desconocido había estado allí aparentemente estudiando. Adan creía que esperaba a Lorraine. Estaba seguro de ello, pero ella tardó en aparecer. Eran las 11:20 de la mañana.

Adan encendió su ordenador Apple y se puso a trabajar uno instantes. Estaba observando. Creía que lo que allí hacían era una tapadera de algo más importante. Si estaba seguro. No creía que lo que hiciesen fuese pasarse los exámenes a escondidas. Janet Sheen le había dejado constancia de ello al constatar que no se solían pasar papeles. Sin embargo, si parecían pasarse listas de libros y hablar de partidos de fútbol. Adan llego a la conclusión de que o estaban haciendo apuestas sobre los partidos o había drogas por el medio, pero antes de hablar con Linda tenía que asegurarse. No quería cometer un error, pues aunque las dos cosas eran un delito no estaban penadas de la misma forma.

El siguiente en entrar fue Vergil Clouds que se sentó en la mesa que tenía los periódicos. Mientras Josh que había salido fue a la parte trasera de las baldas en las que estaban las novelas. Era una actitud atípica, sospechosa, no habitual y que parecía estar esperando algo, pero ¿qué?

Lorraine se marchó rápidamente y Vergil lo mismo. El otro joven permaneció allí. Adan seguía observando. Observar era algo inculcado profundamente en su forma de ser, algo unido a su apellido Holmes. Era algo de lo que no podía deshacerse.

Josh cogió un libro de esoterismo. Eso a Adan no le gustó mucho le hizo sentir un escalofrío. miró por la ventana y observo los dos árboles de la entrada al edificio. Se fijó en la gente que pasaba, no vio nada fuera de lo normal salvo a dos hombres vestidos con un traje negro. "De una funeraria o quizá testigos de Jehová", pensó en un principio. Esa seguridad la perdió cuando desaparecieron de su campo de visión tapados por unas ramas.

De pronto escuchó un sonido que procedía de Station Road, parecían sirenas.

Supo en ese instante que era lo que debía de hacer. Tenía que descubrir a lo Sherlock Holmes que era lo que se traían entre manos esos jóvenes sin levantar sospechas. Y, al mirar a Josh se le ocurrió una idea. Por que no crear una cuenta en Facebook en la que se hiciese pasar por vidente para aproximarse luego a esos jóvenes y averiguar que hacían. El truco era conseguir que cometiesen un error, por pequeño que este fuese, que le diese la pista que Adan necesitaba.

Ese día Adan decidió actuar. No iría con su familia a Londres, tenía un plan y quería llevarlo a cabo. Adan ya tenía todo preparado. Días atrás mientras estaba en casa había comenzado a actuar. Fue la primera vez en su vida que lo hacía sin ser de forma ficticia pero sabía que era ahora o nunca.

Disfrazado siguió a Lorraine durante el fin de semana. Descubrió que todos los sábados en el mismo lugar de Aldershot, en frente a The Queen Hotel, la recogía un coche negro, con los vidrios polarizados, oscurecidos, para que no se pudiese ver quién iba en su interior.

Por eso mientras ahora la observaba trataba de evaluar esa nueva información. Cansado se levantó recogió sus cosas y decidió ir a Marks y Spencers, el paseo le serviría para pensar un poco.

Salió la biblioteca y camino hacía Sparkhall House siguió por Kingscare y cuando llegó hasta la joyería Hibbert ya había casi decidido que fuese otra persona la que desentrañase ese misterio, ese secreto. Adan nunca llegó a tomar la decisión definitiva pues cuando caminaba por Trafalgar Inn. un coche lo atropelló, y aunque no murió no ha podido seguir adelante con la investigación.

El misterio sigue abierto, pues los protagonistas salvo Adan siguen actuando en la biblioteca, pero ¿descubrirá alguien que secreto guardan?

martes, 30 de agosto de 2011

EL HOMBRE DE LOS ROSTROS. Primera Parte ( Dedicado a Sydney Newman, C.E. Webber, y Donald Wilson.)

Era la hora punta, cuando la gente se levantaba para ir a sus trabajos, a sus estudios. Cuando comenzaba el día. La gente entraba y salía de sus casas, de las oficinas, de las habitaciones. Era un nuevo día para toda aquella gente.

Sin embargo, toda la gente se había encadenado a esa forma de vida. Una de esas personas era Vanessa.

Vanessa caminaba por una de las calles de la zona vieja de Santiago de Compostela. Iba a sus clases a la Universidad. Mientras caminaba el móvil le sonó. Era su hermana Teresa.

- ¡Vaya! ¿Qué novedad que me llames tan pronto?
- Esta noche salí con unas amigas. Fue una noche épica. Llena de cosas muy interesantes y misteriosas.
- ¿Cómo qué cosas?
- Muchas cosas. Entre todas ellas un hombre muy extraño.
- Bueno, eso no es nada nuevo. Siempre conoces hombres o mujeres extraños. No es nada nuevo.
- Espero poder presentártelo... Si lo encuentro...

Teresa colgó con esas palabras dejando a Vanessa perpleja y preocupada. Practicamente no miraba por donde caminaba de lo ensimismada que iba. Entonces un hombre se frenó ante ella. Le enseñó algo que tenía en la mano. Y le dijo:

- ¿Qué te parece?

Vanessa no respondió sorprendida.

- ¿Ves lo que tengo en la mano?- dijo el extraño hombre.

Vanessa movió la cabeza negando. Entonces él se dio la vuelta y se alejó corriendo por donde había llegado.

Vanessa no le dio importancia y se fue a sus clases a la Universidad. Estudiaba psicología.

Cuando llegaba a la puerta un motorista pasó a toda pastilla y casi la atropella.

- ¡Conduce con cuidado! ¡Animal!

Él motorista se paró. Dio la vuelta y aparcando la moto se aproximó a Vanessa. Era Luis, uno de sus compañeros de clase.

- Perdona, pero quería coger el sitio para la moto antes que llegase algún listillo.
- Tienes que andar con más cuidado o matarás a alguien un día de estos- fue la respuesta de Vanessa.

La mañana fue pasando entre clases teóricas y otras prácticas. Hasta la última hora. En ella tenían que atender cada uno de ellos a un supuesto paciente. A Vanessa le tocó un hombre que decía padecer amnesia.

Vanessa caminó hasta la consulta de prácticas. Abrió la puerta. Allí estaba el hombre que había visto esa mañana. Era su paciente de practicas. Leyó el historial médico. Supuso que sería una actor que usaban para ponerles a prueba. Se equivocaba.

- Buenos días - dijo Vanessa-, dice en el informe que usted ingresó ayer con amnesia.
- Si, no soy capaz de recordar nada de mi salvo mi nombre. Y este rostro no es mi rostro. De eso estoy seguro.

Vanessa anotó en su libreta, "Posibles delirios".

- Y, su nombre es...
- Juan Suarez.
- Y como era antes su rostro.
- Tenía el pelo corto, empezaba a estar calvo, mi nariz era más ancha y mis ojos eran más expresivos.
- Y, ¿por qué cree que ese era su rostro y no el que tiene ahora?
- Es el rostro que tengo en mi mente, nada más.

Vanessa volvió a escribir algo. Luego, le preguntó como fue que perdió la memoria.

- Lo único que sé es que estaba paseando no muy lejos de aquí. Tenía que hacer algo pero no recuerdo qué era. Si sé que esto ya me ha sucedido antes.

Vanessa escribió, "Delirio recurrente sobre perdida de memoria y cambio de rostro".

- Bueno, le recomiendo reposar unos días. Relajarse y descansar le vendrá bien. Posiblemente haya recibido algún golpe, o por estress. Le sentará muy bien.

De golpe se escuchan gritos. Algo está sucediendo. Vanessa abre con precaución la puerta y mira al exterior.

- ¿Qué demonios está pasando?

Al mirar ve lo que parece un hombre vestido de extraña forma. Al fijarse ve que en realidad es una especia de reptil. Cierra la puerta asustada.

-¿Qué ha visto?- pregunta su paciente.
- Algo muy extraño. Un reptil que camina como una persona y va vestido de una extraña forma. Esto ya es demasiado. ¡Primero me encuentro con usted esta mañana cuando venía hacía aquí y ahora esto!
- Es imposible que me viera usted a mí. Llevo en el hospital desde ayer. Y hoy me trajeron a esta consulta. Me deja ver que es lo que ha visto.

El hombre se acerca lentamente a la puerta. La abre un poco y mira al exterior.

- ¡Vaya! ¡Problemas! Hizo una buena descripción. Una descripción brillante. ¿Cómo se llama?
- Vanessa.
- De momento seré para usted el Sr. Suarez. Si salimos de esta ya le diré mi nombre. Ese ser que ha visto es un Sitha. Actúan como controladores de la historia, y en algunos casos como policías del tiempo. Buscan seres especiales. Pero, ¿qué buscarán aquí? A mi no puede ser.
- ¿Cómo conoce a esos seres?
- Podría decirse que viajo mucho y que he visto muchas cosas. Lo primero debemos ir a un lugar más seguro que está habitación.

Vanessa piensa un instante. En el piso superior están los archivos, allí no entra nunca nadie. Es un sitio dónde nadie los buscaría.

- En los archivos- dice Vanessa.
- Bien, pero antes necesitaremos algo de comida. Daremos un pequeño rodeo.

El desconocido Juan saca un extraño aparato, abre la puerta lateral y salen por ella. Bajan por las escaleras y entran en la cocina.

- Un poco de comida nos vendrá muy bien - dice él.
- Entonces, vayamos al archivo.

Continuará...




miércoles, 27 de julio de 2011

JANE DOE

Los peregrinos entraban en la iglesia: todos ellos rezaban y sellaban sus credenciales en la iglesia construida en los inicios del s.XX. Estaban muy cansados muchos de ellos; no podían hacer nada más que escribir con las pocas fuerzas que les quedaban sus nombres en la lista ante mis ojos, mientras ellos me susurraban sus historias. Entonces apareció ella, silenciosa y como ningún otro, esperando su turno sin hacerse notar, apartada en una esquina donde sus rubios cabellos no llamasen mucho la atención, escondiendo la cabeza entre sus rodillas mientras parecía rezar. En su rostro se veía un profundo dolor, un dolor que parecía que le era insoportable, y cuando le llego su turno en medio de los otros peregrinos no quiso poner su nombre.

- Prefiero no ponerlo –dijo con una extraña seguridad en su voz-. Escribe en su lugar “Persona Anónima”, pues yo estoy cansada y no puedo escribir.

Sus ojos y su rostro tenían un extraño magnetismo que hacía que la mirase sin parar, mientras escribía lo que me solicitaba, mostrando un extraño interés por la razón que la llevaba a solicitar eso; ella miró a su alrededor y volvió a sentarse en uno de los bancos, su presencia allí, silenciosa, me hacía sentir una extraño escalofrío recorriendo la espalda.

- Hola –le dije acercándome a ella cuando el resto de peregrinos se habían ido-, ¿qué necesitas?

Me miró alzando suavemente su rostro, como si yo fuese un mensajero de la divinidad. Luego soltó un gemido que sonó en un susurro como el lamento de un alma errante, para luego decirme:

- Reza por mí.. – dijo tristemente,y con un toque de desesperación que me llamo la atención- Y reza por mi padre, pues llevo sus cenizas conmigo haciendo este Camino que él siempre deseo hacer.

La expresión de su rostro era tremendamente dolorosa: prácticamente dejaba ver la expresión de su alma, un alma que parecía en pena; un alma que parecía atormentada por un sufrimiento ardiente. En silencio asentí con la cabeza, mientras le prometía rezar por ella.

Durante unos instantes me miró a los ojos: sin que ella hablase sentí sus pensamientos en mi mente. Me agradecía mi cortesía.

Seguidamente se levantó, se dio la vuelta y cogiendo su mochila salió por la puerta de la iglesia buscando las sombras para mantenerse en medio de la mayor oscuridad posible bajo los rayos del sol.

Se hizo un largo silencio cuando ella dejó la iglesia. Entonces vi que se había dejado un papel allí; en el papel aparecía una petición:

”RECE POR MI Y POR MI PADRE UN PADRE NUESTRO.”

Salí corriendo al exterior para ver si la veía. Pero en el exterior no había rastro de ella. Nadie la había visto, ni otros peregrinos ni tampoco en los Albergues de la población.

Ahora no recuerdo de dónde me dijo que era, y tampoco no recuerdo el mes en que pasó, pues otros peregrinos y peregrinas pasaron hacia Santiago, pero si recuerdo que era de algún lugar de la costa mediterranea de España.

Días después hablando con otro peregrino me contó que en otras parroquias si recordaban el paso por allí de esa mujer joven, misteriosa. Que llevaba a Santiago las cenizas de su padre y cuyos rubios cabellos parecían hipnotizar a todos aquellos que estaban cerca de ella.

¿Quién era? ¿De dónde era? No lo sé, pero algo me dice que no era una peregrina como el resto, que en ella había algo más. En ella había algo inquietante y misterioso, quizá en Santiago lleguen a saber de esta Jane Doe más que yo he podido saber.


martes, 22 de marzo de 2011

"ISABEL" (El Lobo Blanco 5)

El viento nocturno y frío que llegaba de la montaña acariciaba como un amante el rostro de una joven. hacia mucho que no experimentaba esa sensación de libertad, de renacimiento, de esperanza que por alguna razón la embargaba. Su libertad era en este momento forzada, cubierta por un oscuro manto de tristeza. A su alrededor se sentía una sensación de ahogo, de frío invernal o de sofocante calor.

Cubierta con un grueso abrigo recorría las calles encharcadas y solitarias de Oviedo. Presentía un peligro como un perro lo presiente antes de huir en silencio. Se dirigía a una antigua casa, cerca del cementerio, en cuyo interior había encontrado la paz que necesitaba. Con una llave hace girar la vieja cerradura. Al abrirse la pesada puerta de madera, aparece un corto pasillo oscuro; al final del que hay una puerta blindada.

Cierra la puerta tras de si.

Al pasar bajo la luz que ilumina la puerta siente miedo. Se estremece al recordar la desaparición de Nerea. Recuerda el comportamiento casi brutal de esta frente a Berto y Juan la noche antes, parecía poseída.

Recuerda como su forma de actuar cambió cuando los dos jóvenes se fueron, cuando sus voces y pasos se perdieron en la oscuridad silenciosa de las calles de Avilés.

Isabel fue a la cocina. Se acercó a la nevera. Se agachó a coger un sandwich que calentó en un microondas.

¿Qué habría sido de ellos? Nadie le dijo nada, tras salir del hospital. ya tenía bastante con lo suyo. Había estado inconsciente un día completo y la desesperación por el placer perdido había hecho mella en su mente, la había inundado. Fue su resistencia y tesón lo que la salvó entonces.

No sabía la razón pero en todo el día no había podido sacarse de la cabeza la desaparición de Nerea. Se sentía intrigada, pero ¿quién la ayudaría? Quizá ese borroso recuerdo de aquel hombre desnudando a Nerea había sido verdad y no un juego de su mente como le habían hecho creer. Si era real, todo era mucho más grave de lo que parecía.

Tenía una extraña intuición. Había algo sobrenatural en aquel caso.

Durante la noche le fue difícil conciliar el sueño, las sensaciones del día en que desapareció Nerea volvieron en parte a ella. Sentía otra vez aquella excitación. Al despertar a la mañana siguiente, despertó con la sensación de haber repetido lo que hizo aquel día.

La mañana era clara. El cielo azul cubría todo y el sol calentaba los corazones aquella primavera.

Dicen que hay cosas que "nec pueri credunt", que creer en ellas es una ofensa, una muestra de una mente débil. Ella sentía necesidad de investigar a fin de que todo el mundo sepa que parte de lo que ella recordaba era real, y que era falso.

A Isabel no le habían dado la posibilidad de defenderse cuando despertó y contó lo que recordaba no la creyeron. Simplemente la enviaron a una cura de reposo. Pero dijo Festo tiempos atrás: "No es costumbre de los romanos condenar a un hombre antes de que el acusado tenga a sus acusadores delante, y de que se le haya dado la libertad de defenderse", ahora Isabel iba a buscar pruebas para defenderse de lo que entonces la acusaron.

Después de un duro trabajo consiguió que un abogado de Madrid le sacase una copia de la investigación por la desaparición de Nerea. Fue entonces cuando se enteró que Juan, su novio, y Roberto habían desaparecido también en fechas siguientes a la desaparición de Nerea hablando de "algo" que los perseguía. Sólo el hermano de Juan permaneció en Avilés un año y luego se fue. Decidió que buscaría a Sergio para que la ayudase en su cruzada. Eso si lograba encontrarlo, pero para eso estaba Internet y las redes sociales.

Salió de casa, cerró como siempre puertas y ventanas. Bajo su brazo una carpeta y dos libretas. Eran las nueve y media de la mañana, y se dirigió hacia la Biblioteca Pública Estatal de Oviedo, también llamada Biblioteca de Asturias "Ramón Pérez de Ayala". Allí había ordenadores y podría hacer su investigación.

Cuando llegó a la biblioteca reinaba el silencio, casi le pareció una sorpresa ver al encargado de la biblioteca sentado detrás del mostrador.

Isabel suspiró y le hizo una seña par solicitar el uso de uno de los ordenadores. Aún estaba esperando cuando oyó unos pasos cerca. Se giró y entonces lo vio.

Vestido con una pulcra y estudiada sencillez reconoció a uno de esos seres que sólo aparecen en los libros. Por su aspecto, cara hermosa y delicada, y sus ojos brillantes, sólo podía ser una de dos cosas, o un vampiro o un licántropo; y sino lo era sabía parecerlo.

Él la miró de forma desconcertada pero intensa. Durante un instante pensó en lanzarse sobre ella. Pero algo en aquellos ojos lo detuvo, reconoció en Isabel algunas de sus propias características. Saludó, cogió un libro y se sentó en una mesa.

Isabel, temblorosa, consiguió el ordenador. Ahora más que nunca el recuerdo de Nerea brilló en su mente tanto como todo este tiempo en el que se había alejado del resto de la gente. La razón era que cada vez que se miraba a un espejo veía sus propios ojos oscuros y terribles.

Envió un correo electrónico a Juan, aunque sabía que no tendría respuesta, lo hizo tras buscar en la lista de contactos a Sergio. Creía recordar una conversación de los dos hermanos y tenía la esperanza de que Sergio viese su mensaje.

Luego fue y cogió varios libros de vampiros. Sacó una libreta de su mochila, se sentó en una mesa frente al joven que vio antes y comenzó a escribir. Era lo mínimo que podía hacer mientras esperaba respuestas.

Al cabo de un rato, cuando más concentrada estaba en el relato que escribía, el joven aquel se acercó a ella, curioso por ver que escribía en medio de tantos libros de vampiros. Leyó por encima de su hombro lo que ella escribía; luego se apartó hasta una estantería. El texto que ella escribía era muy bueno, muy realista, y no como otros que tenía ante ella.

Siguiendo un impulso se sentó en la misma mesa, frente a ella.

- ¡Hola!- dijo en un susurro, para no molestar a la otra gente que había en la Biblioteca- Siento lo de antes si te asuste... Parece que te gustan los vampiros, ¿no?
- Si, a lo mejor llego a cazar alguno- dijo Isabel en un tono gracioso, pero también en un susurro.
- Hay muchas formas de cazarlos, y tú lo haces sin matarlos. Escribes sobre ellos, ¿no?
- Así es. Estoy escribiendo un relato para n concurso.
- ¿Puedo leerlo? Soy buen crítico.

Isabel le enseñó la libreta, y él pudo completar su lectura inicial del texto.

- Eres buena escribiendo. ¿Sabes como será tu vampiro?
- Si, posiblemente se parezca a ti, como premio por el susto de antes.

Él percibió que su halago no había dado el resultado esperado. Al contrario, fue él el que se sintió halagado al ver que se atrevía a incluirlo en un relato, nutría su vanidad; y él, al contrario que los de Anne Rice, era muy real. Por eso decidió que ella merecía vivir, más aún buscaría su amistad.

- Bueno, te dejo seguir. Espero no ser un mal vampiro y no decepcionarte - Le dijo a Isabel a modo de despedida-. Ya me enseñaras lo que vayas escribiendo, suelo estar por aquí todos los días.
- Ya veremos...

Cuando la biblioteca cerró, Isabel salió como siempre, ocultándose en las sombras. Siendo una sombra más acechando a su alrededor mientras iba a casa.

De golpe, en una esquina, chocó con alguien. Era aquel joven. Le habían dado una paliza y se incorporaba cuando tropezaron. Isabel lo ayudó y lo llevo a su casa. Fuera o no un vampiro para ella era alguien que necesitaba su ayuda. Él agradeció su ayuda. Ahora sabía que ella también se ocultaba en la oscuridad como hacía él.